La Habana, Cuba. – Los bombardeos contra Venezuela y el secuestro del presidente Nicolás Maduro son hechos inadmisibles que subrayan la impunidad con que actúa Washington, y señalan la vulnerabilidad de las naciones que se oponen a sus designios si tamañas violaciones de los principios de la ONU y el Derecho internacional, son admitidas.
Donald Trump ha apostado a descabezar al Gobierno Bolivariano para imponer a autoridades afines sus intereses, como ha anunciado al afirmar que Washington se mantendría gobernando Venezuela hasta que podamos hacer una transición segura, adecuada y juiciosa.
Pero la decisión del Tribunal de Justicia venezolano le ha salido al paso, al dictaminar que la vicepresidenta Delcy Rodríguez asuma como Presidenta encargada con todas las atribuciones inherentes al cargo de jefa de Estado, para garantizar la continuidad administrativa y la defensa del país ante la ausencia de Maduro.
Peligro latente
Trump no descarta una segunda oleada de ataques, y la firmeza de las autoridades bolivarianas muestra que su posición es la resistencia.
Como en abril de 2002, cuando frustraron el intento golpista contra Hugo Chávez, la unidad del ejecutivo, el pueblo y la Fuerza Armada Nacional -leal a la institucionalidad bolivariana-, será determinante en esta coyuntura bochornosa que remarca las apetencias imperiales de una administración que retoma la Doctrina Monroe y la lleva a su más cruda expresión: el llamado Corolario.
Los hechos demuestran la falsedad de la lucha contra el narcotráfico de Washington y desnudan sus intereses de domeñar a la región.
El momento convoca a la comunidad internacional a atar las manos al Imperio. La integridad de una nación entera, y la paz latinoamericana y caribeña, están en juego. Hoy es Venezuela, pero mañana pudiera ser otra nación cualquiera.