La Habana, Cuba. – Si de acontecimientos en Brasil en los últimos doce meses debe hablarse, es precisamente del derrumbe de la figura del reaccionario Jair Bolsonaro a cuenta de una de las trayectorias presidenciales más funestas en la historia del gigante sudamericano.

Nostálgico de la dictadura militar, insolente y egocéntrico en  su trato, nadador fácil en el mar de la corrupción, y destructor de la economía y el bienestar social, Bolsonaro, era ya hora, se enfrenta a su próxima salida del alto cargo que hoy ostenta, y al que arribó en andas de una oligarquía local y sus aliados externos que crearon las condiciones de un golpe institucional contra los sectores populares.

Y si el tener de su lado a los grandes poderes mediáticos le fabricó una imagen de “líder excepcional”, su engreimiento le jugó una mala pasada junto a su camarilla.

Bajón de marea

Nadie más que Jair Bolsonaro y sus seguidores han cavado su propio ocaso. Es la clásica noria de una derecha regional que gana mediante mentiras y promesas sembradas a golpe mediático, y al final nunca hará lo que dice.

Bolsonaro acumula, además, la responsabilidad por el mal manejo de la pandemia de la COVID-19 y su afán de restarle importancia.

El precio político a pagar está a la vista frente a un reivindicado Luís Ignacio Lula Da Silva con una preferencia suficiente como para ganar en primera vuelta las elecciones de este 2022 y devolverle a Brasil los esplendores y la cordura que el ex capitán del ejército ha hecho añicos.

De manera que el año terminó con pésimos augurios para el futuro del mandatario y quienes todavía apuestan por su figura. Y Brasil puede de nuevo abrirse al futuro.

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