La Habana, Cuba.- En un drama policial reciente, exhibido por la televisión, a un personaje se le oyó decir “en definitiva cuenta”, barbarismo que –probablemente- no figuraba en el libreto, sino que, según nuestras deducciones, pertenece al argot del actor. El citado dislate –que ya antes habíamos oído- es un híbrido de dos locuciones adverbiales: […]
Este primero de enero celebramos el aniversario 58 del triunfo de la Revolución, esa que conquistó el pueblo de Cuba, después del derrocamiento del régimen dictatorial de Fulgencio Batista.
Era el 20 de diciembre de 1899, cuando el poblado de Alquízar, actual provincia de Artemisa vio nacer a un niño que al igual que José Martí, traería luz a la historia de Cuba: Rubén Martínez Villena.
Cuba es ese país, que -destaca Solano- tuvo la dicha de tener a un héroe del Moncada, el Granma y la Sierra, a un líder que hizo grandes los valores de solidaridad y justicia social.
“En varias jornadas tuve la posibilidad de compartir con el Comandante en Jefe, primeramente como pionero”, dijo Ramón Pimienta, “cuando fui invitado a sus cumpleaños que celebraban en Tarará junto a los niños y después por más de 25 años en el servicio de protocolo de la provincia.
He perdido un gran amigo. Nuestro último encuentro fue el 13 de agosto, cuando cumplió los 90 años. Me recibió en su casa, en La Habana, y por la tarde fuimos al teatro Karl Marx, donde fue homenajeado con un espectáculo musical. A pesar de que tenía su organismo debilitado, caminó sin apoyo desde la entrada del teatro hasta su butaca.
Fidel Castro encarna la dignidad de una nación, la esperanza de un pueblo, la voz de los desposeídos de la Tierra hacia la que siempre miró magnánimo y enérgico.
Tengo derecho al trabajo para crear con mis fuerzas las cosas que necesito y, de paso, las superfluas, sin ambiguas ambiciones ni sofocantes urgencias.