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Carlos del Porto Blanco

“Cincuenta años de vida en estas tierras llenaron mi cabeza de historias. Yo podría contar cada noche del resto de mi vida una historia distinta, y no habré terminado cuando suene la hora de mi muerte. Muchos sabnr relatos fingidos y aventuras soñadas, pero las que yo sé son reales.” Así comienza la novela histórica Ursúa, ganadora del Premio Nacional de Literatura de Colombia en el 2006, del escritor colombiano William Ospina. Esta obra da inicio a la Trilogía de la Amazonía, sobre la conquista de Nuestra América, (conformada además por los dos títulos: El País de la Canela y La Serpiente sin Ojos). A Ursúa dedicaré la columna de hoy.

… había mares de perlas y flechas con la muerte pintada de azul en la punta, había muchachas bellísimas que se alimentaban de piojos; había ranas más venenosas que diez mil indios y serpientes en el fondo de los lagos, que tenían alianzas con el trueno; había muchedumbres guerreras más silenciosas que la niebla y legiones de cristianos avanzando con el credo en los labios entre aldeas de brujos y selvas mortales. William Ospina. Ursúa

El poeta, ensayista, novelista y político colombiano William Ospina Buitrago, nació en Herveo, Tolima, Colombia, el 2 de marzo de 1954. Ganó el premio literario Rómulo Gallegos con su novela El país de la canela, que forma parte de la trilogía cuyo libro inicial es Ursúa. Ésta trata sobre la conquista de la parte norte de Sudamérica. Fue candidato a la Gobernación del departamento del Tolima para las elecciones de 2023.

Sobre el protagonista de la obra se puede decir lo siguiente: El adelantado y conquistador navarro Pedro de Ursúa Díaz de Armendáriz, nació en Arizcun, Baztán, Navarra, España en 1526 y murió el 1 de enero de 1561. En el Nuevo Reino de Granada, fundó el municipio de Pamplona, hoy Norte de Santander, Colombia. Fue asesinado cuando dirigía una expedición por los ríos Marañón y Amazonas. Fue sucedido brevemente por Fernando de Guzmán y, más tarde, por Lope de Aguirre.

En 1545, fue nombrado teniente de Gobernación del Nuevo Reino por su tío, el juez de residencia Miguel Díez de Armendáriz. Su primer acto de gobierno fue la destitución de Montalvo de Lugo, gobernador encargado en Santa Fe de Bogotá. Ursúa se destacó en el sometimiento de los panches al suroeste de Santa Fe. Fue enviado en comisión por Armendáriz a reconocer el norte del Nuevo Reino, fundó la villa de Pamplona el 1 de noviembre de 1549. A su regreso a Santa Fe, la recién fundada Real Audiencia lo encarga dominar el país de los muzos. Vencidos éstos, Ursúa fundó la ciudad de Tudela, la cual fue destruida por los indígenas, derrotados poco tiempo después.

Ante las acusaciones contra su tío, Ursúa acepta el cargo de Justicia Mayor en Santa Marta con el objetivo de someter a los tayronas. A su regreso no solo Armendáriz es detenido tras su juicio de residencia, sino que pesan acusaciones sobre él. En Nombre de Dios es nuevamente nombrado Justicia Mayor al servicio de Andrés Hurtado de Mendoza, II marqués de Cañete, quien había sido nombrado nuevo virrey del Perú con el fin de reprimir una rebelión de cimarrones. Tras una agotadora campaña que llevó a una negociación final entre los cimarrones y los españoles, apresan al líder cimarrón Bayano para ser juzgado en España.

Tras el éxito de la expedición, Ursúa acompañó a Hurtado de Mendoza a Lima. Allí organiza una nueva expedición para encontrar El Dorado por el río Marañón, descubierto años antes por Francisco de Orellana. Partió acompañado por su amante mestiza, Inés de Atienza. Pero fue asesinado junto con su amante por varios de sus propios expedicionarios, dirigidos por Lope de Aguirre, el 1 de enero de 1561. Aguirre continuó como jefe de la expedición, proclamándose en rebeldía contra la Corona española.

Ursúa, dice el autor, es el típico conquistador español del que nadie habla, de los que perdieron, de los olvidados. El conquistador navarro Pedro de Ursúa es el personaje que Ospina escogió para protagonizar su primera novela, un libro sobre la terrible y a la vez fantástica conquista de Sudamérica en el siglo XVI. En parte, es un libro sobre el nacimiento histórico de la república que hoy se llama Colombia.

La novela logra confundir, es decir, uno se pregunta ¿es una novela de ficción o es una investigación histórica? ¿es la historia novelada de la conquista o es un libro de aventuras imaginadas?. Algunos pueden decir “es novela histórica”, pero para algunos esa no es una respuesta suficiente. La novela Ursúa es, es por una cara, una narración literaria, un mundo que se explica a sí mismo, y por otra, un relato histórico que despierta en el lector preguntas políticas sobre el pasado de los pueblos originales del continente americano.

Ursúa encarna el arquetipo colonizador, aventurero y despiadado, obsesionado con las riquezas del Nuevo Mundo y el legendario El Dorado. La novela muestra una historia de dominación y saqueo que roza con la fantasía. Se narra una época de transformación del mundo y del encuentro entre pueblos y culturas que hoy, más de 500 años después, no han terminado de mezclarse y resistir. Encuentros que incluso hoy podrían seguir repitiéndose: “Ursúa no se acostumbraba a que los indios fueran así de crédulos y de ingenuos, pero, después de sus primeros sobresaltos, Z`bali se volvió tan dócil en el amor, tan comprensiva y tan franca, comparada con las españolas, que trataban de ocultar el cuerpo aun en medio de la cópula, y que en plena fiebre amorosa preferían la quietud y el silencio, que dejaba fluir el rumor de los cuentos de Z`bali como parte del bienestar que le causaba su compañía, aunque después del acto y del reposo, cuando ella se alejaba, él tenía la vaga sensación de haber orillado la sinrazón, de haber descendido un poco a la animalidad, porque en su recuerdo los placeres del cuerpo quedaban como contaminados de zarpazos y de aleteos, como si se hubiera revolcado con gatos monteses y con serpientes, como si los besos húmedos de Z`bali le dejaran un rastro de selva en el alma.”

Incluso en el siglo XVI, el uso de la violencia, el crimen, el robo, las vejaciones y la esclavitud no eran acciones compartidas por todos los españoles. Fray Bartolomé de las Casas y Fray Antonio de Valdivieso fueron dos personajes que defendieron a la población nativa. De hecho, las llamadas “Nuevas Leyes de Indias” fueron escritas bajo el consejo de Fray Bartolomé de las Casas y buscaban frenar, o matizar por lo menos, la arrasadora conquista.

En ese contexto, el Juez de Residencia Miguel Díaz de Armendáriz llega a Cartagena de Indias; debía poner orden en esas tierras aplicando las nuevas leyes, y gracias a ese hecho, su sobrino Ursúa se inicia en el mando de varias campañas conquistadoras. Ursúa y los mozos navarros que le acompañaban esperaban encontrar en “Tierra Firme” (después Nuevo Reino de Granada y actualmente Colombia) reinos como el Inca o el Azteca, monumentales y localizados en climas amables, pero encontraron una tierra distinta: “no conocían aún las noches de borrasca ni los amaneceres del fango, la fiebre y los mosquitos que reinan a la orilla del río; no presentían la enormidad de la avalancha ni el tributo de piedras de la creciente, la noche que multiplica los tigres y la selva que agranda las chicharras, los árboles corteza-de-gusano, las columnas inmensas y leñosas de la selva donde el sol se tropieza, ni las nubes de loros, ni los ramajes enloquecidos de monos diminutos, ni los llanos empedrados de cráneos.”

Guerrero, aventurero, sangriento, codicioso e inteligente, con esos atributos es descrito Ursúa. “No lo embriagaba más la codicia de riquezas que la promesa abierta de las batallas, las licencias sangrientas y las crueles excitaciones de la guerra”. Combatió contra los panches, arremetió contra los incansables muzos (fundando la ciudad de Pamplona en sus territorios) e hizo retroceder a los Tairona.

Las vidas de los conquistadores españoles estuvieron enstrelazada, por eso al hablar de uno, se termina hablando de todos. La matanza de los Incas a manos de Pizarro, la fragmentación de los pueblos nativos en Encomiendas, la disputa de las tierras de Quito, Popayán y Cali, por ejemplo, guardan muchos aspectos en común. La novela también tiene el mérito de caracterizar personajes importantes de la época como Belalcazar y Pedro la Gasca, también anécdotas como la muerte de los hermanos Quesada, fulminados por un rayo en la costa de la Guajira.

Como un elemento a destacar de la escritura del relato, es que se combina el español barroco y abigarrado del lenguaje de las crónicas de indias de la época de Hernán Cortés o de Fray Bartolomé de las Casas con largas y fabulosas descripciones de grandes descubrimientos y lugares míticos, pero con el mejor estilo narrativo de un Carlos Fuentes o un García Márquez. A los lectores, no deja de asombrarlos la multitud de información y de sucesos tanto históricos como imaginarios que, por una parte, los transportan a los inciertos y temerarios tiempos de la conquista de lo que ahora es Colombia, y por otra los involucra en una serie de historias de vida con una cronología dinámica y moderna.

De esta manera, Ursúa, héroe para algunos, oportunista bárbaro y ambicioso, para otros, bajo la mirada de su amigo mestizo del Perú, quien es el cronista de la historia, es revelado con la grandeza de su carácter, pero sin adornos fatuos, como otro sangriento conquistador en su cenit y su ocaso. Sugiero la lectura de esta novela a quien desee transportarse a una época donde el asombro es infinito, la muerte acecha en todas partes y realidad y leyenda se confunden. Se podría decir que el mérito de esta Ursúa, no es su temática en sí: otro conquistador en busca de la tierra prometida del Dorado, sino de la manera, deliciosa y elegante en que son narradas algunas crónicas de la conquista de la mano de las apasionantes aventuras de un español en busca de un destino en la tierra prometida, sin juicios de valor ni partidismos o intenciones revanchistas, sino con la sola pretensión de instruir y deleitar, finalidades inherentes a la buena literatura.

La lectura de esta obra es una forma, más, de comprender de dónde venimos, para saber a dónde vamos.

La Introducción del libro concluye de la siguiente forma: “es la historia asombrosa del hombre que fue asesinado diez veces, y del tirano cuyo cuerpo que dividido en diez partes. Y tal vez pueda entonces enlazar las historias, una detrás de otra como un collar de perlas, y anudar en su curso una leyenda de estas tierras, la memoria perdida de un amigo muerto, los desconciertos de mi propia vida, y una fracción de lo que cuenta el río sin cesar a los árboles. Contar cómo ocurrió todo desde el momento en que el hombre amamantado por la cerda abandonó la isla de las salamandras para ir a saquear a un país de niebla, hasta el momento d crueldad y de alivio en que la cabeza triste del tirano se ennegreció en la jaula.”

Para cerrar, los dejo con el gran Eduardo Galeano, “Vinieron. Ellos tenían la biblia y nosotros teníamos la tierra. Y nos dijeron: Cierren los ojos y recen. Y cuando abrimos los ojos ellos tenían la tierra y nosotros la biblia”.

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