En el año 1578 nació en Inglaterra el ilustre médico William Harvey, quien ostenta el mérito de haber descubierto con exactitud científica una de las funciones vitales de nuestro organismo: la circulación de la sangre.
Muchos estudiosos ya se habían interesado por ese singular fenómeno y lograron algunas aproximaciones en su descripción, pero ninguno lo explicó en todo su conjunto ni tan acertadamente como fue capaz de hacerlo William Harvey.
El gran valor del científico inglés estriba, además, en haber refutado las concepciones antiguas que durante siglos dominaban en la medicina; en especial, la doctrina de Galeno, quien consideraba al hígado como el centro del Sistema Vascular Sanguíneo, postulados que estaban vigentes en la enseñanza médica universitaria de aquella época.
Sus aportes
Muchos años de trabajo dedicó el médico inglés William Harvey para poder arribar a una conclusión correcta sobre la circulación de la sangre en el organismo humano. Sus estudios los realizó en animales, en cuyos embriones observó la formación del corazón y las venas.
Fue así que dio acabado a las teorías de sus precursores y, de un modo completamente nuevo, demostró que las contracciones del corazón impulsan la sangre a todo el organismo.
Con exactitud, William Harvey calculó la cantidad de sangre en el cuerpo y describió la función de la mayor parte de la corriente venosa, en especial de la Aorta.
Pero sus débiles lentes no le permitieron ver otro importante eslabón del sistema circulatorio sanguíneo: los capilares, los que en el año 1660, y gracias a un microscopio, fueron descubiertos por el médico italiano Marcelo Malpighi.