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La Habana, Cuba. – Eso parece deparar el futuro inmediato a Chile, tras el triunfo este domingo del ultraderechista José Antonio Kast para asumir la presidencia.

Luego del primer lugar obtenido por Jeannette Jara, de la alianza Unidad por Chile -ahora en el gobierno-, la ronda del balotaje otorgó al aspirante del Partido Republicano más de 16 puntos porcentuales sobre la aspirante progresista.

Aunque en su programa Kast ha prometido beneficios sociales, su trayectoria como diputado y aspirante tres veces anteriores a la presidencia lo han mostrado como el ultraconservador que es; defensor del neoliberalismo que admira al asesino exdictador Augusto Pinochet; enemigo del derecho al aborto, y xenófobo que ha prometido expulsar a todos los inmigrantes del país.

Su llegada a la presidencia significará un retroceso a los lentos avances con que Chile, paso a paso, ha logrado zafarse parcialmente del legado de Pinochet.

Nuevos retos

Pese a que las fuerzas progresistas chilenas lograron mantenerse en alianza, observadores adjudican al tibio mandato del saliente Gabriel Boric, que la ultraderecha se impusiera.

No obstante, los 48 puntos porcentuales obtenidos por Jeannette Jara, proveniente del Partido Comunista, demuestran que hay bases sociales opuestas al retroceso, y al negacionismo con que Kast y las fuerzas que representa santifican a los militares golpistas, y quieren justificar el pasado de represión. Desconocerlo sería abrir las puertas a su repetición.

En el plano regional, la presidencia de Kast augura la llegada de otro aliado, posiblemente incondicional, de Estados Unidos, en un momento en que el reverdecimiento de la Doctrina Monroe a manos de Donald Trump, ahora bajo la política de las cañoneras, nos amenaza a todos.

No es solo el Chile progresista: los nuevos retos también se erigen.