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Por Miguel Alejandro García

No es una realidad oculta que hoy, salir a la calle con algún destino, deviene en verdadera batalla. Sabemos todos de la difícil situación que en el transporte, sobre todo en la capital cubana, donde no resultan suficientes los ingentes esfuerzos de la Empresa Provincial y el Ministerio del Transporte por cambiar este panorama.

Estadísticas de estas instituciones indican que el transporte público en La Habana enfrenta una crisis severa, con solo 130 ómnibus operativos, de un total de 435, debido a la falta de repuestos, piezas, neumáticos, roturas y problemas técnicos.

Ello representa apenas el 35% de los vehículos que debieran circular, lo que afecta gravemente la movilidad urbana.

Cuidemos lo que es de todos

De las 17 rutas principales y 112 secundarias en La Habana, hoy existen menos de la mitad, y quienes sufren las mayores consecuencias son la comunidad trabajadora, los estudiantes y las personas que necesitan trasladarse por algún familiar enfermo, o simplemente quienes no pueden permitirse los precios abusivos de los porteadores privados.

Ahora, si usted piensa que la problemática solamente implica medios paralizados por cuestiones técnicas o averías, debe saber que hay otros que hoy no están rodando en el pavimento por la negligencia y la mala conducta de pasajeros inescrupulosos, quienes, sin un ápice de civismo, maltratan lo que es de todos.

Hay argumentos también. De las nuevas gacelas Fotón, procedentes de China como parte de una donación, el pasado 22 de octubre, solo prestaban servicio 34, de un parque de 50.

Si nos damos las manos

A la falta de combustible se suman ventanas rotas, aditamentos robados, cristales astillados, sistema de puertas averiado, entre otras afectaciones que ya acumulan varias de las gacelas Fotón en La Habana.

Ante el llamado constante de autoridades del transporte y de los propios choferes, el deber que nos corresponde como usuarios de la propiedad social no es otro que proteger lo que se pone a disposición del pueblo para hacer la vida más llevadera.

El Estado cubano se empeña en tratar de mejorar, en la medida de las posibilidades, cada rama, cada sector. A ello no escapa el transporte, tan necesario para las más triviales tareas.

Como ciudadanos, tenemos la obligación de cuidar esos bienes, que al fin y al cabo, redundan en beneficios para nosotros mismos. Ya lo dice Silvio Rodríguez… Si nos damos las manos, cuánto se puede hacer.