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Por Miguel Alejandro García

No hace ruido, no busca atención; pero cada día, salva vidas. La libélula puede devorar hasta 100 mosquitos en un solo día. Sí, como lo escucha.

Ese alado insecto puede consumir un centenar de los transmisores del dengue, el chikungunya, el oropouche, y otras tantas enfermedades que hoy hacen mella en la salud de los cubanos.

La libélula no usa veneno ni contamina. Solo vuela y equilibra el entorno. Con visión panorámica y alas que pueden moverse en cualquier dirección, su precisión al cazar es de las más altas del planeta. Cada año, miles de libélulas mueren por el miedo humano; por eso debe saber que no pican, ni muerden, ni hacen daño.

Si ve una, no la espante. Déjela volar. Es una aliada silenciosa contra las plagas. Una protectora natural del ambiente. Aunque no lo note… mientras duerme, ella contribuye con el equilibrio en la naturaleza.

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