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La Habana, Cuba.- La X edición de la Cumbre de las Américas, que pretendía aislar a Cuba, Nicaragua y Venezuela, ha caído por el propio peso… de los dictados de la Casa Blanca.

Un comunicado de la Cancillería de República Dominicana, que sería la sede en diciembre, dijo que la cita fue pospuesta por divergencias que no aclaró, y que habrá que reunirse para fraguar otra fecha.

Aunque no se ha revelado cuáles son las diferencias, está claro que el sesgo politizado y excluyente impuesto por Estados Unidos, dio al traste con la reunión de una instancia fundada por la Casa Blanca.

El propósito ha sido dominar a sus vecinos del Sur. Hace unos años, sin embargo, el reclamo de la región catapultó la participación de Cuba, no invitada a las primeras Cumbres, ausencia que se pretendía reiterar ahora junto a las naciones mencionadas. Pero el sentimiento latinoamericanista de países como México y Colombia, no lo permitió.

Un fracaso 

La decisión de posponer la Cumbre de las Américas, que según la Cancillería dominicana se adoptó contando con el parecer de Estados Unidos, ha sido considerada un fracaso que ha querido disimular el secretario de Estado Marco Rubio -a quien se adjudican precisamente las exclusiones y el recrudecimiento de la cruzada contra Cuba, Venezuela y Nicaragua.

Escuetamente, el titular estadounidense dijo esperar que la próxima reunión permita «reforzar alianzas» en el hemisferio occidental. Obviamente, la estrategia de seguir satanizando a esas tres naciones y aislarlas del resto del hemisferio, ha fallado.

Ello vuelve a remarcar el obsoleto sentimiento panamericanista de un foro que ya no puede funcionar como fue diseñado, de acuerdo con los intereses hegemónicos de Estados Unidos, para agujerear el espíritu integracionista y unitario que, cada vez más, abraza el concierto latinoamericano y caribeño.