El ratero comenzó por lo más sencillo

La Habana, Cuba. – Si para hacer las tareas escolares de mi hijo me llevo de la oficina cincuenta hojas, ¿es lícito que ese puñado de hojitas lo consideren desvío?… Si se me cae la ventana y yo, para prevenirlo, del almacén de la empresa me llevo treinta tornillos, ¿es justo que me sancionen como si fuera un bandido?… Si del petróleo normado sólo gasté veinte litros para llevar a la playa a mis suegros y a los niños, ¿pueden decir que eso es robo siendo sano el objetivo?… Si a los precios de la tienda les aumento centavitos que no van para la caja sino para mi bolsillo, ¿separarme de mi puesto, no es acaso un extremismo?… El ratero que malversa, nunca piensa que es delito el robo que él ejecuta, pues lo considera ínfimo; pero el que hoy se roba un poste, ayer se robó un palillo.

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