En el imaginario francés, la escritora Françoise Sagan trasciende a personaje popular por su clase, desparpajo, arrogancia, profusión de pasiones, consumo de alcohol y cocaína y enredos fiscales.

Así fue la vida de esta mujer de empuje incontrolable que cambió de nombre, Françoise Quoirez, para no dañar a su familia perteneciente a la burguesía francesa.

Había dicho: “Las leyes están hechas para adaptarse a las personas y no al  contrario”, y después: “Soy fútil, pero la futilidad consiste en ocuparse de cosas interesantes”; entre sus textos están Golpes en el alma, Una cierta sonrisa y El guardián del corazón.

Nacida en Cajarc el 21 de junio de 1935, falleció a los 69 años, sola y arruinada; en cambio, legó una obra en la que se aprecia con sensualidad y elegancia la vida sentimental de la burguesía ociosa que frecuentó.

Buenos días, tristeza

A los 18 años, la escritora francesa Françoise Sagan publicó su primera y más difundida novela, Buenos días tristeza; era el año 1954 y para muchos, la obra simbolizaba el final de la posguerra.

Autora trasgresora, escribió de amores, belleza, fastidio por héroes inaccesibles y mostró la “incomodidad de la gente desprovista de todo atractivo físico”; fue catalogada como “un encantador monstruo”, y vendió un millón de ejemplares en un año.

En Buenos días tristeza, de Françoise Sagan, se percibe el declive de una clase social que no sufrió, como el pueblo, los días trágicos de la ocupación nazi en Francia y emergió airosa tras la Segunda Guerra.

Como temas recurrentes, la autora acude en su obra general a la vida fácil, los autos veloces, las viviendas burguesas, todo ello sazonado con cinismo, sensualidad, indiferencia y ocio.

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