La Habana, Cuba. – Las horas del próximo 13 de agosto llevarán no solo el recuerdo para un hombre en el que coincidieron capacidad política, estatura universal, cultura enciclopédica y humanidad desbordada.

Fidel estará de cumpleaños y en la mente de muchos será recurrente su presencia en escenarios deportivos, la preocupación por el atleta lesionado, el consejo oportuno ante un juego decisivo o su apoyo desde gradas y hasta en el mismo banco.

Estará también el recuerdo a las primeras series nacionales de béisbol cuando jugaba pelota en un estadio repleto sin su traje verdeolivo; su visita al buque Cerro Pelado luego del regreso de Puerto Rico en 1966; la defensa de los principios de la solidaridad olímpica, o sus visitas a Ana Fidelia Quirós en las primeras horas del accidente.

¡Ese es el Fidel de todos, nuestro primer deportista!

Un coro gigante

Nunca será posible decirle unas simples felicidades a Fidel desde el deporte, ese que vaticinó en 1959 llevaría tan lejos la Revolución como fuera posible.

Ser una potencia olímpica es la expresión más sincera para resumir su pensamiento sobre cómo debe ser la práctica del ejercicio físico en Cuba.

Por eso el venidero 13 de agosto recordaremos sus carreras de 800 metros en sus años de estudiante; las canastas en los partidos de baloncesto de la década del 60 en la Ciudad Deportiva y el famoso último strike frente a Chávez en un juego donde jamás se ponchó.

En todos los casos, Fidel miró con paso firme, nunca triunfalista, sin dejar de tener una sonrisa motivadora. Por eso los que tenemos que ver con el deporte brindamos por tanta entrega y por tanto legado ¡Felicidades, campeón!