La Habana, Cuba. – Amigo lector, esta vez dedicamos la sección a la aparición nuevamente en pantalla, a través de la novela , de esa excelente humorista, actriz y bailarina Carmen Ruiz, la inolvidable Teresita Prieto. Sobre cómo fueron sus inicios y por qué estuvo ausente de la televisión y los grandes espectáculos, nos contó con esa sencillez que la caracteriza.

“Ese personaje que tanto gustó y por el cual me identifican, lo construí a partir de observar mucho a mujeres mayores, cómo hablaban, su gestualidad. A eso le imprimí mi sello de humor con el arrastre de la R, y después fue que se bautizó como Teresita Prieto cuando ya el personaje tenía que salir habitualmente en un programa. Por aquel tiempo pertenecía al cuerpo de baile del teatro Carlos Marx”, explica.

“Luego paso al Conjunto Nacional de Espectáculos con Virulo -señala Ruiz; de ahí aquellas puestas en escena que hasta hoy son recordadas, como La esclava contra el árabe, El bateus de Amadeus o El infierno según Virulo”.

Alternando con el Conjunto Nacional de Espectáculos, y tras haber ganado la popularidad en la “azotea” de Sabadazo, a Carmita Ruiz se le vio incursionar en la televisión en programas como “Justo al medio pa tu remedio”, dirigido por Julio Fuentes, y “SOS”, a cargo de Maritza Rodríguez, junto a otros reconocidos actores, como Laritza Vega, Lusi Alberto García, Edith Massola, entre otros. Y sobre el género humorístico opina:

“Muchas personas piensan que el humor es fácil y no es así: tienes que tener mucho cuidado en donde te metes, qué dices y cómo lo dices, y es que hacer reír a las personas es muy difícil. Hoy te encuentras con un público que se rió a carcajadas con un parlamento, y resulta que al día siguiente nadie esbozó ni una sonrisa; por eso tienes que ir tanteando. La otra parte difícil de hacer humor es que tienes que dejar fuera del trabajo tus problemas personales, a veces muy serios, como puede ser tener a tus padres o hijos enfermos que requieren de tu cuidado; sin embargo, tienes que darlo todo en el escenario porque el público se merece siempre lo mejor y no tiene porqué sufrir con una mala interpretación; eso te da pie para prepararte, crecer, esforzarte”.

Pero no fue el humor de lo único que bebió esta versátil actriz. Carmen reconoce que gracias a la integralidad de las enseñanzas de grandes maestros como Armando Suárez del Villar, Vicente Revuelta, Carlos Ruiz de la Tejera, Ana Viñas, el chileno Jorge Guerra, o Luis Carbonell, pudo asumir personajes dramáticos en obras de teatro.

“A la televisión estaré eternamente agradecida, porque fue ahí donde me di a conocer en todo el país. Sin embargo, el teatro es otra cosa; es donde de verdad puedes valorar con mayor prontitud el efecto que causas en el espectador. Estás concentrada en tu personaje y en la interacción con el resto de los actores, al tiempo que sientes los murmullos, la respiración de algunos, los suspiros, y hasta por los silencios puedes aquilatar qué efectos estás causando en ese público”.

“Ahora bien, para ese desempeño tienes que tener una buena preparación y concentración, por respeto al espectador, a tus compañeros y a uno mismo. Cada vez que voy a actuar, sea el género que sea, no me gusta que me interrumpan en el camerino porque tengo la costumbre de llegar, y mientras me maquillan, etc, empiezo a concentrarme en el texto que tengo que decir, me visualizo en escena, hago calentamiento de las cuerdas vocales… Toda esa disciplina ya la traía de la escuela de ballet, donde antes de actuar tienes que hacer calentamiento, pero el maestro Luis Carbonell enseñaba que hasta para cantar una parodia había que estar afinado y tener musicalidad.”

Premio por mejor actuación femenina

Para Carmen Ruiz, actuar en el teatro, aprenderse los personajes, nunca fue fácil; sin embargo, su tenacidad y amor por su trabajo la hizo merecedora de un Premio Caricato en 2007, por mejor actuación femenina en Las Viejas de Popi, bajo la dirección de Juan Carlos Cremata.

“Fue una puesta que se ensayó muchísimo, – rememora- con mucho texto, donde te enterabas del o los personajes distintos que ibas hacer antes de cada función, podía ser de hombre o mujer, y todos mayores de 80 años, por lo que teníamos que comportarnos como tal; por eso fue de mucho aprendizaje”.

Pero hay mucho más en el largo trayecto artístico de esta cubana que irradia humildad. Así lo atestiguan los animados didácticos El grillito Pimpim y La introducción de la locomotora en Cuba, así como el programa infantil foráneo El Castillo de Ratimbum, donde hizo doblaje de voces.

En estos años de ausencia de la pantalla chica y los grandes espectáculos, Carmencita Ruiz estuvo de gira por alrededor de 15 países, integrando el cuerpo de baile de espectáculos y alternando con algún que otro personaje. También estuvo contrata por un año en Argentina como conductora de un espectáculo llamado Bola de Nieve, músico muy querido por aquellos parajes.

“Fue una experiencia inolvidable y donde pude advertir la desinformación que sobre los cubanos y nuestra cultura hay en algunos países. Por ejemplo, en el espectáculo un músico negro cubano interpretaba el piano de una manera extraordinaria pero sin imitar al Bola. Aquello asombraba al público; para ellos era imposible que yo, negra, pudiera conducir un espectáculo y tuviese cultura, mucho menos que un joven negro cubano pudiese ser pianista. Para ellos, Cuba era ron, tabaco y Tropicana con sus bailarinas meneando la cintura. Así que demostramos que los cubanos somos mucho más y que poseemos talentos en todas las esferas de la vida y con una racialidad muy variada, porque eso nos caracteriza”, detalló Ruiz.

Un nuevo crecimiento

Es todo ese aprendizaje constante, del que nunca renunciará Carmen Ruiz, el que le permitió incursionar por primera vez en una telenovela gracias al llamado de Lester Hamlet para que interpretara en , a la tía Miki.

“Nunca puedes pensar que te la sabes todas, aunque tengas una larga trayectoria artística -dice. Esta profesión, igual a la de médico, requiere de un aprendizaje constante porque cada papel es diferente, cada medio tiene sus características. Ya estaba acostumbrada a las cámaras pero la novela fu algo totalmente nuevo para mí. Tiene su lenguaje, su ritmo, todo un andamiaje a tener en cuenta a la hora de interpretar”, señala Ruiz.

Y concluye: “me sentí muy bien acogida y muy arropada por Lester y el resto del equipo; le agradezco mucho haberme llamado para este personaje, que aunque corto, fue un nuevo crecimiento en mi carrera. Todos me preguntan si es un personaje con el que reirán, y no lo creo, aunque es posible que algo se me haya escapado al impregnar el sello que me caracteriza a una tía dominante que quiere enterarse de todo; de todas formas, espero que a los noveleros de casa les guste”.

Hoy, Carmen espera por recomenzar una película dominicana, donde interpreta la madre de un adolescente muy rebelde, proyecto que se vio interrumpido por la pandemia de la Covid-19. Mientras, el público cubano espera que en lo adelante, esta figura que sentó pautas en la Cultura Cubana con su personaje de Teresita Prieto, tan peculiar; defensora de nuestras tradiciones y de un humor crítico, reflexivo y ante todo respetuoso, no vuelva a desaparecer de los programas televisivos, espectáculos u otras obras teatrales, pues su versatilidad como artista ha sido más que demostrada.