La Habana, Cuba. – El reciente intercambio oficial de embajadores entre Caracas y Bogotá, y las declaraciones mutuas relativas a la hermandad histórica entre venezolanos y colombianos, parecen iniciar el total despeje de la tirantez creada por Washington entre ambas naciones vecinas a través de los gobiernos oligárquicos que hasta hace poco ocuparon la Casa de Nariño.

En efecto, el nuevo representante diplomático colombiano en Caracas, Armando Benedetti, muy ligado al actual presidente Gustavo Petro, destacó en presencia del mandatario venezolano, Nicolás Maduro, que las relaciones con Venezuela nunca debieron romperse.

Somos hermanos, enfatizó, y una línea imaginaria no nos puede separar, y mucho menos una política pública de Estado, como sucedió con el presidente Iván Duque, aliado de la Casa Blanca.

Radical cambio

Vale indicar que bajo la tutela muy concreta de Álvaro Uribe e Iván Duque, Colombia devino en una plaza predilecta de los gobiernos de Estados Unidos para ejecutar sus continuos programas agresivos contra la Venezuela Bolivariana.

De hecho, Duque dió su reconocimiento incondicional al pretendido presidente de facto Juan Guaidó y a su titulada “administración paralela”, e incluso le otorgó el control de empresas venezolanas radicadas en Colombia como fuentes de asistencia económica y más de un acto de  corrupción.

Con la llegada de Gustavo Petro a la Casa de Nariño empieza a cumplirse su promesa electoral de sacar a Colombia de la lista de adeptos a la política agresiva gringa contra América Latina y otros pueblos del planeta, y en especial con la hermana Venezuela.

Desafíos presentes

Las relaciones venezolano- colombianas son intensas desde los días de la lucha por la independencia, liderada por Simón Bolívar.

Pueblos muy cercanos en todos los sentidos, con fuerte similitud étnica y cultural, tuvieron que enfrentar sin embargo no pocas vicisitudes a partir del maridazgo de la oligarquía colombiana con los planes agresivos estadounidenses para derrocar a la Revolución Bolivariana.

De hecho, Colombia fue convertida  en punto de partida de atentados y acciones subversivas y paramilitares contra su vecino, lo que tensó al máximo el impuesto enfrentamiento.

Con Gustavo Petro todo apunta a cambiar radicalmente, de manera que desaparecería un importante punto de conflicto en nuestra área, y ganaría la unidad regional.