Fidel sigue en lo alto de la Sierra Maestra

La Habana, Cuba. – Firme la bota sobre la piedra y el terrón de la montaña, fusil al hombro, cargada de sueños y esperanzas la mochila.

El joven guía observa el horizonte como si dibujara ante sus ojos el mapa del futuro. Avizora una lucha prolongada y ardua, sin negociaciones y sin tregua, pero no se fatiga porque tiene la palabra luminosa, la alentadora advertencia para todos, la inequívoca premonición, y sabe lo que ha de hacerse para llegar a la victoria.

Tiene también el brazo que se tiende, la acción que se reparte para que los humildes de la tierra acudan a la convocatoria de su pródigo abrazo.

Él siempre estará allí, en la alta montaña, fiel a su constancia, faro perdurable de nuestras vidas.

Y sigue aquí

El hombre de barba y verde olivo, el de la estrella en cada hombro sobre un campo rojo y negro, ha inscrito su nombre en todos los confines del archipiélago cubano.

Él nos trajo hasta aquí, a quienes somos, a lo que ya nunca dejaremos de ser, y con su dignidad nos confirmó que no se negocian los principios, que es preferible desaparecer en el fondo del mar y ser lava volcánica de nuevo en el océano, antes que arriar las banderas del honor.

Mírese a todas partes y no se encontrará en estas islas un espacio en que falte su rúbrica, la marca perdurable de su pensamiento.

Y Fidel seguirá aquí, guiándonos en una época difícil en que –como él ha advertido- se juega el destino de la especie humana.

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