La Habana, Cuba. – Décadas después de cubrirse de gloria olímpica en Moscú 1980, la cubana María Caridad Colón recuerda como si fuera hoy el instante en que se hizo inmortal.

Los años transcurridos resultan incapaces de borrar de su mente las imágenes de aquel 25 de julio, y Colón tiene la facilidad de palabras para retomar con frescura las horas de un día que marcó su vida.

La caribeña, en ese instante con solo 22 abriles y 60 kilogramos de peso, rememora que su confianza rozaba las nubes de aquella tarde moscovita y que su entrada al Estadio Luzhniki estuvo lejos de activar su sistema nervioso.

Así, mientras la inocencia de su mirada deja ver la grandeza existente en su interior, esta coleccionista de proezas le sonríe a la vida, y da gracias por tantos minutos inolvidables, como esos de julio de 1980.