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Carlos del Porto Blanco.

Yo no soy apto para seguir ciegamente el ejemplo de otros hombres. Charles Darwin.

“Los recuerdos autobiográficos de mi padre, que ofrecemos en el presente capítulo, fueron escritos para sus hijos sin intención alguna de que se publicaran jamás.

A muchos les parecerá esto algo imposible, pero aquellos que conocieron a mi padre comprenderán cómo no solamente era posible, sino natural. La autobiografía lleva el título: Recolletions of the Development of my Mind and Character (Memorias del desarrollo de mi pensamiento y mi carácter) y concluye con la siguiente nota: “3 de agosto de 1876.

Comencé este bosquejo de mi vida alrededor del 28 de mayo en Hopedene y desde entonces he escrito alrededor de una hora casi todas las tardes”.

Se comprenderá fácilmente que, en una narración de carácter personal e íntimo, escrita para su esposa e hijos, se presenten pasajes que deben omitirse aquí; no he considerado necesario indicar dónde se han hecho tales omisiones.

Se ha juzgado imprescindible hacer algunas correcciones de evidentes errores de expresión, si bien se han reducido al mínimo tales alteraciones”.

Así comienza el libro que traigo hoy a la columna, la autobiografía de Charles Darwin.

Charles Robert Darwin, nació en Shrewsbury, Shropshire, Inglaterra, Reino Unido y falleció el 12 de febrero de 1809 en Down House, Kent, Inglaterra, Reino Unido el 19 de abril de 1882.

Fue un naturalista inglés, reconocido por ser el científico más influyente (y el primero, compartiendo ese logro de forma independiente con Alfred Russel Wallace) de los que plantearon la idea de la evolución biológica a través de la selección natural, justificándola en su obra El origen de las especies (1859) con numerosos ejemplos extraídos de la observación de la naturaleza.

Así postulaba que todas las especies de seres vivos han evolucionado con el tiempo a partir de un antepasado común mediante un proceso denominado selección natural.

La evolución fue aceptada como un hecho por la comunidad científica y por buena parte del público en vida de Darwin, mientras que su teoría de la evolución mediante selección natural no fue considerada como la explicación primaria del proceso evolutivo hasta los años 1930.

Actualmente constituye la base de la síntesis evolutiva moderna. Con sus modificaciones, los descubrimientos científicos de Darwin aún siguen siendo el acta fundacional de la biología como ciencia, puesto que constituyen una explicación lógica que unifica las observaciones sobre la diversidad de la vida.

Esta autobiografía de Darwin se publicó en su primera edición censurada por la familia (especialmente por sus opiniones sobre la religión), y sólo en la década de 1950 se recuperó la versión íntegra, sin recortes.

La génesis de este libro esta explicada en las palabras del autor: «Un editor alemán me escribió pidiéndome un informe sobre la evolución de mi mente y mi carácter —escribe Darwin—, junto con un esbozo autobiográfico, y pensé que el intento podría entretenerme y resultar, quizá, interesante para mis hijos o para mis nietos. […] He intentado escribir el siguiente relato sobre mi propia persona como si yo fuera un difunto que, situado en otro mundo, contempla su existencia retrospectivamente, lo cual tampoco me ha resultado difícil, pues mi vida ha llegado casi a su final».

Darwin publicó en 1859 el libro científico más leído de su siglo y seguramente de todos los tiempos, El origen de las especies. Es su obra cumbre y uno de los libros que más influencia ha tenido en la humanidad.

En esta autobiografía, escrita para sus hijos. El autor se muestra contenido y ecuánime en sus opiniones acerca de los demás y de sí mismo, y parece revelar una integridad que se ha visto en otros científicos, al opinar acerca de su obra y sus méritos.

Dice que influyó en su vocación científica la lectura de dos obras: Personal Narrative (Relato íntimo) de Humboldt e Introduction to the study of natural philosophy de sir J.Herschel:

El autor recomienda mucho Principios de Geología, de Lyell, quien parece un tipo interesante: “Tenía muy buen corazón y era enteramente liberal en sus creencias; aun así era firmemente teísta. Su candidez era muy notable.

La pone de manifiesto el hecho de que aceptara la teoría de la evolución, siendo así que se había hecho famoso por su oposición a las opiniones de Lamarck; y eso, cuando ya era anciano”.

Me recordó que hacía muchos años, cuando discutíamos sobre la oposición de la vieja escuela de geólogos a sus nuevos criterios, yo le había dicho: “qué bueno si todos los científicos murieran a los sesenta años, ya que después es seguro que rechazarían toda nueva doctrina”.

Darwin desarrolló trabajos puramente teóricos y deductivos, como el de los arrecifes coralinos, que fue concebido “antes de haber visto un verdadero arrecife de coral”, pero también en el más puro espíritu baconiano: “trabajé sobre verdaderos principios baconianos y, sin ninguna teoría, empecé a recoger datos en grandes cantidades, especialmente en relación con productos domesticados, a través de estudios publicados, de conversaciones con expertos ganaderos y jardineros y de abundantes lecturas”.

Cuenta también sus disputas con Fitz-Roy en el Beagle, una de ellas a propósito de la esclavitud “que él defendió y alabó, cosa que yo abominaba”, insiste en el asunto al criticar duramente a Carlyle, cuyas opiniones sobre la esclavitud “eran repugnantes”. Hay una opinión acerca del avance de la ciencia que suele atribuirse a Einstein y también a Kuhn, pero que Darwin formuló antes.

Dos consejos muy buenos: “Durante muchos años he seguido también una regla de oro, a saber, que siempre que me topaba con un dato publicado, una nueva observación o idea que fuera opuesta a mis resultados generales, la anotaba sin falta y enseguida, pues me había dado cuenta por experiencia de que tales datos e ideas eran más propensos a escapárseme rápidamente de la memoria que los favorables”.

Darwin murió en 1882 abrazado por su esposa Emma aterrada ante la idea de perderlo por toda la eternidad.

Toda obra escrita por un científico debe ser leída, y más si se habla de un grande entre los grandes. Aquí en pocas páginas se encontrará al hombre común, sus gustos, sus ideas, sus temores y sus contradicciones. La lectura ratificará que sus resultados son el resultado de una dedicación absoluta a la ciencia y una curiosidad a prueba de balas.

El libro puede ser descargado en: https://web.seducoahuila.gob.mx/biblioweb/upload/DarwinAuto.pdf

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