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Carlos del Porto Blanco

El pasado domingo la Orquesta Sinfónica Nacional, guiada por la batuta del maestro Igor E. Corcuera Cáceres. Ofreció en la sala Covarrubias del Teatro Nacional de Cuba un concierto en homenaje al Día de la Cultura. El programa estuvo compuesto por el Concierto para flauta, arpa y orquesta en Do Mayor KV.299 (297c) de Wolfang Amadeus Mozart, el Concierto para flauta, oboe y orquesta en Do Mayor de Antonio Salieri (estreno en Cuba) y el Danzón La flauta mágica de Antonio María Romeu. Los solitas fueron la flautista suiza Antipe da Stella, la oboísta cubana Analiett Presno y el arpista belga Orion Lavín.

Dadme el mejor piano de Europa, pero con un auditorio que no quiere o no siente conmigo lo que ejecuto, y perderé todo el gusto por la ejecución. Wolfang Amadeus Mozart

Joannes Chrysostomus Wolfgangus Theophilus Mozart, nació en Salzburgo, hoy Austria, el 27 de enero de 1756 y murió en Viena, el 5 de diciembre de 1791, conocido como Wolfgang Amadeus Mozart, fue un compositor y pianista austriaco, maestro del Clasicismo, considerado como uno de los músicos más influyentes y destacados de la historia.

La obra mozartiana abarca todos los géneros musicales de su época e incluye más de seiscientas creaciones, en su mayoría reconocidas como obras maestras de la música sinfónica, concertante, de cámara, para piano, operística y coral, logrando una popularidad y difusión internacional.

En su niñez más temprana en Salzburgo, Mozart mostró una capacidad prodigiosa en el dominio de instrumentos de teclado y del violín. Con tan solo cinco años ya componía obras musicales y sus interpretaciones eran del aprecio de la aristocracia y realeza europea. A los diecisiete años fue contratado como músico en la corte de Salzburgo, pero su inquietud le llevó a viajar en busca de una mejor posición, siempre componiendo de forma prolífica. Durante su visita a Viena en 1781, tras ser despedido de su puesto en la corte, decidió instalarse en esa ciudad donde alcanzó la fama que mantuvo el resto de su vida, a pesar de pasar por situaciones financieras difíciles. En sus años finales, compuso muchas de sus sinfonías, conciertos y óperas más conocidas, así como su Réquiem. Las circunstancias de su temprana muerte han sido objeto de numerosas especulaciones y elevadas a la categoría de mito.

En palabras de críticos de música como Nicholas Till, Mozart siempre aprendía vorazmente de otros músicos y desarrolló un esplendor y una madurez de estilo que abarcó desde la luz y la elegancia, a la oscuridad y la pasión —todo bien fundado por una visión de la humanidad “redimida por el arte, perdonada y reconciliada con la naturaleza y lo absoluto”—. Su influencia en toda la música occidental posterior es profunda; Ludwig van Beethoven escribió sus primeras composiciones a la sombra de Mozart, de quien Joseph Haydn dijo que “la posteridad no verá tal talento otra vez en cien años”.

Según comenta Luis Manuel Molina en las notas del programa; en septiembre de 1778 Mozart conoce en París al duque de Guines, militar, diplomático y flautista francés, quien le encargó un concierto para interpretarlo con su hija que era arpista. Mozart cumplió la encomienda y también le impartió clases de composición a la joven.

El Concierto en Do Mayor para flauta y arpa KV 299, de Mozart, es una obra encantadora y singular que exhibe la elegante interacción entre los dos instrumentos solistas. Sus tres movimientos presentan melodías gráciles y un diálogo equilibrado entre la flauta y el arpa, respaldados por una textura orquestal ligera. En el primer movimiento (allegro), la orquesta expone de inmediato sus dos temas, el segundo de ellos anunciado por la trompa. Dichos motivos son reelaborados por ambos solistas y un puente orquestal sobre el primer tema conduce a un desarrollo breve pero vivaz. La recapitulación, la cadencia y coda se suceden con una agradable sensación de continuidad, introducidas por las cuerdas, las breves frases del tema principal del segundo movimiento (andantino) se prolongan líricamente, dando lugar a variaciones que alternan matices luminosos y otros más sombríos sin que ninguno de ellos legue a predominar. Los solistas se destacan gracias a un acompañamiento orquestal delicado. En el finale (Rondeau: Allegro) se acentúa el carácter francés de la obra al estar escrito en forma rondó y con un espíritu similar al de una gavota.

El compositor de música sacra, clásica y ópera, y director de orquesta italiano Antonio Salieri, nació en Legnago, Italia, el 18 de agosto de 1750 y murió en-Viena, hoy Austria, el 7 de mayo de 1825. Pasó la mayor parte de su vida en la Corte imperial de Viena, de la que fue compositor y maestro de capilla. Su filosofía artística se resume en el título de una de sus óperas célebres, Primero la música y luego las palabras.

Músico de gran valía y dotado de un talento especial, se dedicó a la enseñanza. Salieri ha visto su nombre unido a una presunta rivalidad con Wolfgang Amadeus Mozart, pique que contiene, además de acusaciones de plagio, una más grave, que es la de haber causado la muerte del compositor de Salzburgo, episodio sin ninguna base histórica y que ha sido recreado primero en un poema por el poeta Aleksandr Pushkin, en el que se inspiró el compositor Nikolai Rimski-Kórsakov para hacer una ópera de nombre Mozart y Salieri; y posteriormente por el escritor británico Peter Shaffer para escribir la obra de teatro “Amadeus”, llevada al cine con éxito de público y crítica por el director de cine checo Miloš Forman en una película homónima que recibió ocho premios Óscar, el papel de Salieri fue interpretado por el actor estadounidense F. Murray Abraham, con el que obtuvo los premios Óscar y Globo de Oro. Recomiendo a los lectores de la columna, que no hayan visto la película que lo hagan, y los que si visionaron, que vuelvan a ella, Vale la pena.

Salieri es reconocido como uno de los mejores compositores de ópera de su época. Sin embargo, su producción puramente instrumental es más escasa y ha sido sistemáticamente ignorada al carecer de la inspiración y la innovación presentes en su música para la escena. Esas obras orquestales se enmarcan principalmente en el estilo galante y, si bien muestran cierta evolución hacía el Clasicismo, acusan una debilidad general en comparación con sus óperas de ese mismo periodo y de etapas posteriores. Fueron compuestas para ocasiones y artistas en su mayoría desconocidos.

Durante su carrera tuvo como alumnos a músicos noveles que lograron gran renombre como Beethoven, Schubert, Liszt, Czerny y Hummel. Entre sus pupilos estuvo incluso uno de los hijos del propio Mozart, lo que vincula una vez más sus nombres y ayuda a desmentir la leyenda de la mala relación existente entre ambos compositores.

El Concierto en Do mayor para flauta, oboe y orquesta data de 1774 cuando el compositor italiano con 24 años de edad fue nombrado maestro de capilla de la Ópera de Viena, aunque la obra permaneció inédita hasta 1962. No obstante, según Molina, este concierto es una composición interesante en la que el temperamento operístico de Salieri se manifiesta con claridad, aunque, quizás, no con tanta pulcritud o eficacia, como el de Mozart en sus conciertos instrumentales. En el primer movimiento (Allegro spiritoso) ambos solistas actúan a menudo como una unidad, moviéndose en terceras paralelas; sin embargo, en ocasiones separan sus caminos, superponiéndose y entrelazándose mediante suspensiones. El tenso diálogo entre ambos solistas al inicio de la sección de desarrollo revela plenamente la sensibilidad operística de Salieri. El segundo movimiento (Largo) presenta una melodía y un contrapunto iniciados por los violines que luego son retomados y ornamentados profusamente por los solistas. El finale (Allegreto) posee un carácter propio de la música de baile, con su animada melodía principal y sus persistentes acentos desplazados.

El pianista, compositor y director de orquesta cubano, Antonio María Romeu Marrero, desarrolló las características sonoras de la charanga cubana, produciendo más de 500 danzones, algunos originales y otros, adaptaciones. Para ese formato su orquesta, especializada en la interpretación del danzón, lideró el género de la charanga por más de treinta años. De igual forma, sus creaciones concebidas para la flauta de madera de cinco llaves han sido consideradas como un modelo de interpretación y ejecución para dicho instrumento.

El danzón La flauta mágica fue escrito por Romeu para que el flautista de la orquesta, Francisco Delabart mostrará su maestría y su alias artístico (Panchito Flauta Mágica) proveniente justamente del impacto que provocaba en la audiencia, sus ejecuciones.

El director de la Orquesta, Igor, mantiene su estilo de diálogo con el público. Cada encuentro es una pequeña clase, donde en pocos minutos se habla de las obras y los compositores. Algo muy positivo, según el parecer de este escribiente, porque así todos los asistentes, los habituales y los principiantes aprenden algo que les ayuda a apreciar más la música, que es más que sonidos.

El próximo concierto será el miércoles 11 de noviembre a las 4:00 p. m. en el Oratorio de San Felipe Neri; donde se interpretarán tres piezas de Mozart, y actuará como solista la flautista Niurka González.