El viejo mundo se muere y el nuevo mundo trata de aparecer. En este claroscuro surgen los monstruos.

Antonio Gramsci

La Habana, Cuba. – Hoy traigo a la columna un pequeño libro editado en Cuba, en el año 1975 por la Editorial Gente Nueva. Hilos Invisibles, es una selección de algunas de las cartas que el italiano Antonio Gramsci, escribió en la cárcel a sus hijos y su esposa. Fue la forma, que tuvo para formar en sus vástagos los principios en los que sería, y para que fueran hombres de bien. Se preocupaba por la marcha de los estudios de ellos, les sugería libros, le escribía fábulas. Todos sabemos el poder y las enseñanzas que se pueden transmitir tomando como protagonista a los animales.

Las cartas aquí reunidas son el testimonio de un drama humano y opera en cierta medida como una autobiografía involuntaria, que como señalara años después el escritor italiano, Italo Calvino, podría ser leído por las nuevas generaciones como un libro de memorias. Las cartas operan como un soporte para el desarrollo de un pensamiento que Gramsci venía elaborando en simultaneidad con este epistolario lúcido y conmovedor.

Antonio Gramsci, nace en Ales, Cerdeña, el 22 de enero de 1891 y muere en una prisión de Roma el 27 de abril de 1937. Fue un filósofo, teórico marxista, político, sociólogo y periodista italiano. Escribió sobre teoría política, sociología, antropología y lingüística. Fue uno de los fundadores del Partido Comunista de Italia, creado en 1921, y después secretario y una de sus figuras de primer plano. Fue encarcelado en Turi bajo el régimen fascista de Benito Mussolini en 1926. Es considerado como uno de los más destacados teóricos del marxismo por sus aportes teóricos en conceptos como hegemonía cultural, bloque hegemónico y posmodernismo en relación con la sociedad de consumo.

El autor de las notas iniciales de la versión cubana, Giuseppe Ravegnani, planteó sobre el libro y lo cito en extenso.

“Hilos invisibles, que nacían de un retrato, de una carta, un periódico, un libro, lo mantenían unido al mundo exterior, y lo exterior llegaba hasta él como por arte de magia. Surgió así un milagroso coloquio entre su alma y la de todos sus seres queridos, entre su alma y la de los hombres que seguían trabajando y estudiando libremente, entre su alma y el mundo. Y nada, de los hechos y la historia de todos los días, escapaba a su pensamiento, así como nada se le escapaba de los estudios de Delio, ni de los juegos de Julián.

Así, de esos coloquios, surgieron también esas cartas y las fábulas y los apólogos que ahora ustedes, mis queridos jóvenes, leerán y que les mostrarán que en la vida de Gramsci la fuerza moral y la luz del espíritu lograron vencer las penas y los sufrimientos del cautiverio, aunque estos acabaron luego por destruir su cuerpo.

Queridos jóvenes lectores, la que llamé la fábula de la vida de Antonio Gramsci se acabó. Como todas las fábulas contiene una moraleja y una enseñanza: es decir, nos enseña que su protagonista, superando los límites de cualquier acción particular suya, se ha situado, durante la vida y aún después, en aquel vasto mundo del espíritu que constituye la riqueza de la humanidad.

Por esa razón, sus Cartas desde la cárcel no pertenecen sólo a sus amigos y discípulos, sino a todos aquellos hombres, de cultura y no, que saben comprender que las enseñanzas humanas y morales de la vida de Gramsci ayudan a formar una patria común, ideal y civil”.