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La Habana, Cuba. – La imposibilidad de acallar el rechazo que genera su bloqueo a Cuba, y el reclamo mayoritario de la comunidad mundial de que lo levante, sigue llevando a la Casa Blanca por caminos cada vez más ilegales.

No han bastado las presiones del Departamento de Estado a gobiernos y sus líderes para que cambien su posición y voten en contra de la Resolución cubana, que otra vez se someterá a debate el día 29 de octubre en la ONU.

En una escalada de su manipulación y sus torceduras de brazo, Estados Unidos ha llegado al irrespeto a las normas de la propia ONU, al convocar en sus salones una reunión promovida con todo secretismo para hacer política sucia anticubana.

La denuncia fue formulada por el representante permanente de la Isla, Ernesto Soberón, quien fustigó que Washington pretenda utilizar esos locales para imponer una narrativa hostil contra un Estado miembro soberano. Se busca, dijo, un espectáculo mediático.

Puro faríseismo

Pero mientras el Departamento de Estado trata de “quitarse el golpe” de otra votación que condenará su genocidio contra Cuba, sigue aplicando medidas para aislarla y dejarla inerme.

Las recientes sanciones decretadas contra el banco internacional de comercio BICSA, con sede en La Habana, suman otra en la larga lista de firmas que reciben la amenaza o el ilegal castigo de Washington. Sin embargo, puede que la intimidación y el chantaje desalienten a algunos, pero no han conseguido echar atrás las posiciones de la inmensa mayoría de la comunidad internacional.

En julio, un debate urgente del tema convocado por Cuba se realizó pese a similares maniobras, y con el favor de 136 países que resistieron ese asedio.

El mundo repudia la guerra económica, la extraterritorialidad y lo inhumano del instrumento de agresión y fallida injerencia más antiguo, esgrimido contra nación alguna.

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