La Habana, Cuba. – Por tercera ocasión, Estados Unidos ha vetado en el Consejo de Seguridad de la ONU -la única instancia con facultades para hacerlo- una resolución que ate las manos a Israel y detenga la masacre en Gaza o lo que será todavía peor, la extensión a la ciudad de Rafáh de sus operaciones militares de tierra arrasada.

Ello ha ocurrido mientras en La Haya, el Tribunal Penal Internacional de las propias Naciones Unidas debate el caso del despojo palestino, y decenas de oradores que llegarán a sumar más de cincuenta, no solo condenan estos hechos.

Además, los representantes gubernamentales se pronuncian por la devolución de sus tierras a ese pueblo, y la solución de dos Estados como única vía para resolver el conflicto creado por la ignorancia israelí de ese dictamen, emitido por la Asamblea General desde 1947.

Oídos que siguen sordos

En las sesiones de La Haya destaca la intervención de Cuba, al reclamar que el carácter del Tribunal nosea solo consultivo y tenga consecuencias legales para Israel.

La viceministra del Exterior, Anayansi Rodríguez, también le pidió a esa Corte un pronunciamiento en términos jurídicos claros, contundentes y enérgicos, en defensa del Derecho Internacional.

La imposibilidad de detener a Tel Aviv constituye una muestra de por qué es necesaria la reforma del sistema de Naciones Unidas. Bajo total impunidad y sin instrumento legal internacional que lo presione, el primer ministro israelí, Benjamin Netayanhu, ha reiterado que no accederá a la solución de dos Estados, y trasladó esa posición al Parlamento, que acaba de aprobarla como postura oficial.

Son las tempestades desatadas por los vientos del desorden mundial.