La Habana, Cuba. – Desde hace varios años, y de manera gradual, el sistema empresarial estatal vive una profunda transformación que busca mayor eficiencia y productividad, y al mismo tiempo una reducción de las importaciones y un crecimiento de las ventas al exterior.

Desde el VI Congreso del Partido, con la aprobación de los primeros Lineamientos, el gobierno comenzó a darle machetazos al nudo que frena las fuerzas productivas nacionales. Desde entonces ha habido conciencia de que hay que cambiar el chucho y ampliar y pavimentar la vía por donde transitan las empresas estatales, las que poco a poco se van poniendo a igual nivel que las formas no  estatales.

En ese camino van las últimas decisiones que favorecen un más amplio reparto de las utilidades. Es el escenario soñado para cualquier empresario con dos dedos de frente y vocación profesional.

Repartir sin límites

Como todo lo nuevo, la flexibilización en el reparto de las utilidades empresariales ha generado dudas, incomprensiones y hasta malas interpretaciones.

Lo cierto es que aunque las normas jurídicas correspondientes están aprobadas y son bien explicitas, todavía impera una cierta inercia que traba las nuevas maneras de hacer.

La riqueza que genera cada empresa ahora puede repartirse sin límites, siempre que haya un buen control interno y no se tengan deudas con el presupuesto estatal. Antes, hay que consensuar con el colectivo laboral y transparentar los planes, para que la gente sepa cuánto va a ganar en el año de acuerdo con los ingresos que debe generar cada entidad.

La idea es que esa decisión funcione como un estímulo a la productividad y la eficiencia, y esa es ahora la verdadera utilidad de las utilidades.