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La Habana, Cuba. – El diálogo alegado por Washington y negado por Irán, esté o no en marcha, significa que las cuentas sacadas por Estados Unidos antes de emprender sus ataques junto a Israel, no estaban bien sacadas.

Analistas entre los que se encuentra el prestigioso The New York Times valoran que la apuesta de la Casa Blanca y Tel Aviv de lograr una insubordinación entre la población iraní que provocara un derrumbe desde dentro, contando con el asesinato de los principales líderes de la nación persa, fue un fracaso.

La resistencia iraní ha sido más que eso. Los ataques a las bases estadounidenses en los países vecinos han dado cuenta de que las fuerzas de Teherán podían hacer daño.

A la amenaza de los agresores de bombardear las plantas eléctricas en Irán, siguió la advertencia de que la nación islámica atacaría las instalaciones de la región y de Israel. Las acciones iraníes han golpeado a los sionistas en su terreno.

Cuentas mal sacadas

El bloqueo por Irán del Estrecho de Ormuz, por donde obligadamente transitan el 20% de los hidrocarburos que se consumen en el mundo, ha llevado a una elevación inusitada del crudo y constituye un problema para la economía global.

Alertan que la extensión del conflicto pudiera poner en peligro el agua desalinizada, pues en el Golfo Pérsico existen más de 400 plantas que procesan cerca del 40% del agua desalinizada que usan en el mundo.

Pero la violación de las normas internacionales y derechos que constituye la agresión israelo-estadounidense a Irán está cobrando un duro, inhumano e injusto precio a la población y la infraestructura.

Más de 1300 civiles murieron por la metralla y más de 18000 fueron heridos. Lo mejor sería que el diálogo resulte cierto y exitoso. Y cierre un conflicto que amenaza al Medio Oriente, y al mundo.