La Habana, Cuba.- Vencido el plazo del supuesto alto el fuego que debió detener las acciones entre Estados Unidos, Israel e Irán, el conflicto no se ha resuelto: se extendió a otros actores, y Donald Trump ni ha logrado rendir a Irán, ni siquiera desbloquear el Estrecho de Ormuz, por lo que el resto del mundo sigue padeciendo una de las secuelas de la injustificada agresión de Tel Aviv y Washington contra Teherán: la escasez y la carestía del petróleo.
Aunque el Presidente de Estados Unidos blasona que Ormuz “es territorio estadounidense” -dijo este martes metafóricamente-, Irán mantiene el dominio sobre ese paso, imprescindible para los barcos que trasladan el 20% del crudo que se consume de modo global.
Para colmo a Trump, las autoridades iraníes negocian con Omán la posibilidad de cierta apertura del estrecho, y aseguran que no lo harán con la Casa Blanca mientras esta no levante las sanciones contra su país.
Enyerbado
El memorando sigue sin cumplirse, por lo que pareciera lejana una salida política al conflicto creado por el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, y la estrechez de cálculos de un Trump que se dejó arrastrar, y minimizó las posibilidades de resistencia de Irán.
La nación persa no solo ha soportado los ataques de ambos países sino que ha logrado infligir daños a las fuerzas estadounidenses desplegadas en buena parte del Medio Oriente y a destacamentos militares de Israel.
Por otra parte, cada vez se comenta más que el Pentágono está escaso de armamento para contener a Irán y altos funcionarios de este país aseguran que están ganando la partida gracias a sus misiles.
En ese contexto, cualquier salida negociada no será a partir de la actitud hegemónica de Washington. Estará dictada por lo que hasta ahora parece una victoria estratégica de Irán.