La Habana, Cuba. – En estos días de homenaje al Comandante en Jefe, recordaba un joven activista social estadounidense la trascendencia que Fidel le daba a la movilización de los pueblos.
Cualquier cubano que pase los 50 años de edad debe recordar las batallas por la vida libradas por las bases sociales en muchos países de América Latina y de otros confines, movidos apenas por la luz encendida que era el pensamiento de Fidel, y sus dotes para hacerla ver.
La campaña contra el pago de la deuda externa en los años de 1980 fue, tal vez, la primera de esa magnitud, y convocó en La Habana, en encuentros separados, a decenas de profesionales de distintos sectores invitados por él y con los que reflexionaba acerca de la injusticia del sistema financiero internacional, de la imposibilidad de pagar las leoninas deudas que este imponía a las naciones pobres, y de la necesidad de que fueran condonadas.
Necesario
Pero aquella labor movilizativa de Fidel no era una exhortación al combate, sino a hacer valer la justicia mediante la unidad de los movimientos populares, gremiales, campesinos y estudiantiles y profesionales, y la develación de la verdad para quienes eran consumidos por la manipulación. Eran también, campañas por la ilustración.
Cuando irrumpieron en la palestra los fenómenos presentados como neoliberalismo y globalización, el Comandante calorizó los encuentros internacionales de economistas que aclararon dudas, buscaron explicaciones, y abrieron frentes comunes ante la satrapía de un modelo que conduce a más exclusión, y a sociedades arrastradas por el mercado y el individualismo.
¿A cuáles batallas convocarían el afán de justicia y el ingenio de Fidel ahora, en este mundo donde se ha borrado el Derecho Internacional, y cada vez más se desconoce la soberanía? Fidel tiene mucho que hacer todavía.