La Habana, Cuba. – Malinterpretado por algunos por desconocimiento, incomprensión o simplemente mala fe, el proyecto del Código de las Familias prosigue su andadura pública a lo largo y estrecho del país.

Ese proyecto de texto legal, tan avanzado como el que más, ratifica los derechos de la mayoría en una apuesta por la diversidad sin prejuicios, ni dogmas. Al mismo tiempo, el proceso de consulta es, además, una muestra legítima de democracia y participación ciudadana, refrendada por la Constitución ante un asunto de tanto interés público. Y ese proceso se justifica en el hecho de que el país necesita adecuar las normas legales a la realidad nacional.

La ley no puede estar de espalda a los cambios que se han producido en la sociedad contemporánea y que cualquier hijo de vecino puede apreciar en su barrio, su cuadra e incluso su hogar.

Deberes de los padres

Cada quien tiene derecho a hacer sus propias conclusiones acerca de cualquier norma legal. Lo que nadie aprueba es la tergiversación para encubrir una manipulación malintencionada como han hecho algunos con el concepto de responsabilidad parental.

Hay quien ha llegado al paroxismo de la sinrazón para afirmar que los padres perderán la llamada Patria Potestad en el nuevo Código de las Familias.

Nada más lejos de la verdad. La normativa que todos discutimos ahora, o discutiremos más adelante, establece de manera clara los deberes de los padres en la crianza y educación de los hijos, una responsabilidad que nadie cuestiona. Y es que el proyecto del Código de las Familias recoge la intención, desde el ámbito legal, de fortalecer el papel de célula fundamental de la sociedad que tiene cada familia cubana.