Por Roger Ricardo Luis
Allá por el siglo XVII, la nobleza europea tenía la costumbre de coger al tabaco envuelto con una delicada capa de papel, decían que para no mancharse los dedos.
Pero como tanta fineza abruma, y tal vez pensando en reivindicar la forma en que los cubanos fumaban, fue un holandés aplatanado en la Isla, el comerciante Gustav-Antonie Bock, quien puso fin a esa práctica cortesana.
A él se le debe la idea de colocar un anillo al tabaco, lo hizo con su marca Águila de Oro, hecho que ocurrió en La Habana a principios del siglo XIX, sentando, sin proponérselo, las bases entre el arte y el habano.
La primera impresión del singular distintivo fue en 1845; así surgió también la diferenciación de las marcas de tabacos y quizás la primera operación de lo que hoy se conoce como marketing; de entonces acá se han creado más de 200 mil de esas habilitaciones.
Humo e historia
El auge de la identificación de los habanos se concretó tras la eliminación en 1817 del monopolio sobre la comercialización de éstos por parte de la Corona española, conocida también como el estanco del tabaco.
Los primeros en impulsar la moda fueron los aristócratas criollos y peninsulares como símbolo de poder y abolengo, pues en sus habilitaciones plasmaban escudos familiares e, incluso, el rostro del propietario.
Cuando los anillos pasaron a identificar a los habanos en el mercado, se impuso estampar el apellido de los dueños de las tabaquerías en los mismos; en los registros históricos aparecen más de 4500 marcas comerciales con sus respectivas habilitaciones.
Esa actividad llevó a la aparición del trabajo artístico y su reproducción industrial; el auge de la industria litográfica en Cuba le debe mucho a las habilitaciones para el tabaco.
Y surgió la vitofilia
Del arte en miniatura presente en los anillos de los habanos surgió el interés por su recolección, labor que recibe el nombre de vitofilia, término proveniente de la pieza de madera destinada a calibrar los tabacos manufacturados.
Esta actividad tiene en cuenta la belleza, rareza, originalidad y antigüedad de los anillos, y entre los temas de interés figuran escudos, banderas, personalidades, elementos de la flora y la fauna.
A la industria tabacalera cubana se le debe también el interés por otras habilitaciones que identifican, adornan y dan exclusividad, sumándose humidores, fosforeras, piedras litográficas, sellos de seguridad.
Quien quiera adentrarse y disfrutar de la historia de los puros habanos por la vía de sus célebres marcadores, puede llegarse a la Biblioteca Nacional José Martí y al Museo del Tabaco, donde se encuentran las más valiosas colecciones.