Compartir

Carlos del Porto Blanco

Existe una fuerza inmensa, silenciosa y lejana que arrastra a nuestra galaxia, la Vía Láctea, como si fuera una hoja en la corriente de un río. A ti, a mí, al Sol, a todos los planetas, al Sistema Solar entero, y no solo a nosotros, también a miles de otras galaxias, todas avanzando en la misma dirección, como si alguien o algo las estuviera llamando desde la lejanía. La ciencia lo llama el Gran Atractor, un nombre que suena más a título de ciencia ficción que a concepto científico, pero es real, o al menos tan real como puede ser algo que no se ve, porque ahí está lo misterioso. Se sabe que existe por sus efectos, se siente su influencia, se ve cómo las galaxias se mueven hacia él, pero no se puede observar directamente. Se esconde justo detrás de la parte más densa de nuestra propia galaxia, donde el polvo interestelar bloquea casi toda la luz que podría decirnos qué ocurre allí, una región del cielo que los astrónomos llaman la Zona de Evasión y que parece querer guardar un secreto.

Y, sin embargo, el universo deja pistas, pequeñas señales en forma de desplazamientos de velocidades anómalas de trayectorias que no deberían ser así si el cosmos fuera perfectamente homogéneo. Así que, como detectives del universo, los astrónomos han seguido esas pistas durante décadas. Lo que han descubierto, bueno, de eso les hablaré en este artículo, pero lo que importa ahora es esto, que hay una región del espacio que tiene más gravedad de la que se puede explicar. Una zona que desafía nuestros conocimientos actuales. Comencemos el viaje.

La astronomía es la más antigua de las ciencias y la fuente de vastos conocimientos. Martín Lutero.

Si pudiera observar el Universo desde fuera, vería un inmenso océano cósmico donde las galaxias no flotan a la deriva, sino que se mueven como ríos en corrientes invisibles. La Vía Láctea, junto con decenas de miles de otras galaxias, se precipita a una velocidad de 600 kilómetros por segundo hacia un punto en el cielo austral. Ese punto no es un agujero negro ni una estrella. Es una anomalía gravitacional que los astrónomos llaman el Gran Atractor. Y, para nuestra inquietud, aún no se sabe exactamente qué es.

El Gran Atractor (GA) es una región de alta concentración de masa que ejerce una atracción gravitacional significativa sobre la Vía Láctea y miles de galaxias cercanas. No se trata de un objeto único, en el sentido de una estrella, un agujero negro o una galaxia aislada, sino de una región del espacio con una concentración extraordinaria de masa —materia bariónica visible y, sobre todo, materia oscura— que genera un pozo gravitacional profundo. Las galaxias situadas en un radio de cientos de millones de años luz «caen» hacia esa zona, de forma análoga a cómo los ríos confluyen hacia una cuenca hidrográfica. Esa zona está ubicada aproximadamente a 150-250 millones de años luz de la Tierra, en la dirección de las constelaciones de Norma y Triángulo Austral. Esa estructura forma parte del supercúmulo de Laniakea.

La historia del Gran Atractor no comienza con una observación directa, sino con una inconsistencia en los movimientos galácticos. En 1973, la astrónoma estadounidense Vera Rubin, célebre por sus trabajos sobre materia oscura, y su colaborador Norbert Thonnard detectaron que las galaxias cercanas no se desplazaban exactamente según lo previsto por la expansión uniforme del universo descrita por la ley de Hubble. Existía una componente adicional de velocidad —lo que los cosmólogos llaman velocidad peculiar— que apuntaba hacia una dirección concreta del cielo, en la constelación de Hydra-Centaurus.

Durante la década de 1970 y principios de los 80, varios grupos confirmaron ese flujo anómalo. En 1976, el equipo de Brent Tully y Richard Fisher publicaron un catálogo de velocidades galácticas que insinuaba una perturbación masiva. En 1979, Donald Lynden-Bell, astrofísico británico de la Universidad de Cambridge, propuso que una concentración masiva de materia, aún no identificada, podría estar atrayendo gravitacionalmente a las galaxias del Grupo Local y del Supercúmulo de Virgo. La idea era sencilla en su enunciado, pero extraordinaria en sus implicaciones: existía algo enorme, oculto tras el disco de nuestra propia galaxia, que tiraba de todo lo que había a su alrededor.

El momento fundacional del Gran Atractor como concepto científico llegó en 1988. Un equipo de siete astrónomos de la Universidad de Cambridge —Alan Dressler, Sandra Faber, Donald Lynden-Bell, Roberto Terlevich, Roger Davies, Gary Wegner y David Burstein, publicó en The Astrophysical Journal un estudio titulado «Spectroscopy and Photometry of Elliptical Galaxies. V. Galaxy Streaming Toward the New Supergalactic Center«. En él, mediante mediciones de velocidades radiales de cientos de galaxias elípticas, demostraron que existía un flujo coherente de materia hacia un punto situado a unos 150 a 250 millones de años luz, en dirección al Cúmulo de Norma (Abell 3627). En paralelo un grupo liderado por Gérard de Vaucouleurs de la Universidad de Texas, llegó a conclusiones semejantes.

La anécdota del nombre con el que se identifica a ese grupo es ya parte del folclore astronómico. Según relató Sandra Faber en diversas entrevistas, los siete investigadores se reunieron en un taller en Santa Cruz, California, y alguien bromeó comparándolos con los siete guerreros del filme “Los siete samuráis” (1954), del cineasta japonés Akira Kurosawa. El apodo cuajó y desde entonces se les conoce como Los siete samuráis.

En un artículo paralelo publicado en Nature en 1988, Lynden-Bell y colaboradores acuñaron formalmente la expresión Gran Atractor. Un detalle curioso es que Lynden-Bell confesó años después que pensaron que era un error de calibración de los equipos. Incluso llegaron a llamarlo «el gran desastre» en sus reuniones de café, hasta que dos equipos independientes confirmaron el mismo vector.

Si el Gran Atractor es tan masivo, ¿por qué no se ve directamente? Porque se esconde tras el plano de nuestra propia galaxia, la Vía Láctea. Esa región del cielo, llamada Zona de Evasión, está tan llena de polvo interestelar y estrellas que la luz visible y la radiación ultravioleta son absorbidas. Es como intentar ver una linterna a través de una pared de humo. Durante los años 90, el avance vino de la radioastronomía y el infrarrojo. El satélite IRAS (Infrared Astronomical Satellite) logró en 1983 mapear galaxias ocultas en longitudes de onda infrarrojas, que son capaces de atravesar el polvo cósmico.

La Zona de Evasión se ha podido explorar con telescopios de rayos X, de radio e infrarrojos, poco a poco se empezó a ver lo que hay detrás, supercúmulos de galaxias, estructuras colosales, algunas de ellas jamás observadas antes. Es como si se viera la sombra de una montaña cósmica a través de la niebla. ¿Cómo se descubrió? Durante mucho tiempo, los astrónomos pensaron que el universo se expandía de forma uniforme en todas las direcciones.

La idea era simple y elegante. Tras el Big Bang, todas las galaxias se alejaban unas de las otras como las pasas en un pan que se está inflando en el horno, pero entonces, en los años 70 y 80, algo empezó a no cuadrar. Los telescopios más precisos empezaron a registrar un fenómeno curioso. Algunas galaxias parecían desviarse de la expansión general del Universo. No se alejaban exactamente como se esperaba, se movían, hacían algo, y lo más desconcertante es que se movían todas en la misma dirección.

Fue entonces cuando los astrónomos hablaron por primera vez de lo que llamaron Movimiento Peculiar. En astronomía, el movimiento peculiar es la velocidad adicional que tiene una galaxia más allá de la expansión general del Universo, y ese movimiento se puede medir gracias al efecto Doppler, el mismo principio que hace que el sonido de una ambulancia cambie cuando pasa cerca, pero aplicado a la luz. En lugar de moverse, como dicta la expansión cósmica, muchas galaxias cercanas, incluida la Vía Láctea, presentaban una velocidad extra, un impulso que parecía dirigirlas hacia una misma zona del cielo, hacia la constelación de Centauro. Pero cuando se apuntaban los telescopios hacia allí, no había nada visible que justificara semejante atracción gravitacional. La clave estaba en que esa zona coincidía con un lugar del cielo al que apenas se puede mirar, la zona de Evasión, donde el plano de la Vía Láctea, bloquea la vista con nubes de polvo, gas y estrellas.

En ese lugar aparecieron cúmulos de galaxias que jamás se habían observado, masas gigantescas, estructuras cósmicas titánicas, algunas de ellas organizadas en lo que hoy se denomina supercúmulos, regiones del universo tan densas que retuercen el espacio tiempo a su alrededor. Entre ellas, el cúmulo Norma, el cúmulo Centauro y otros aún más lejanos que podrían ser los verdaderos motores de esa atracción gravitacional. Así se descubrió el Gran Atractor, no como una imagen clara y nítida, sino como una presencia detectada por sus efectos, como un viento que no se ve, pero que empuja todo. Hoy se sabe que ese fenómeno forma parte de algo aún más grande, el supercúmulo de Laniakea, una estructura de más de 100 mil galaxias dentro de la cual se encuentra la Vía Láctea, y el Gran Atractor parece estar justo en el centro de esa red invisible de gravedad. Pero ahí está lo inquietante, aunque se ha descubierto parte de lo que hay allí, todavía no se entiende del todo.

Puede que aún se escondan allí más galaxias, más materia oscura o incluso algo que no encaje en ningún modelo actual. De hecho, muchos científicos creen que el verdadero origen de la atracción gravitacional que se aprecia podría estar aún más allá, en una zona aún más densa, en la dirección del llamado supercúmulo de Shapley, una de las estructuras más masivas del universo local. Así que la zona de Evasión es, en cierto modo, el telón del Universo. Detrás de ella podría estar desarrollándose una obra cósmica que apenas se comienza a vislumbrar, una historia de gravedad, estructuras invisibles y fuerzas que escapan a nuestra comprensión. ¿Podría haber una megaestructura cósmica?

En febrero de 2016, un equipo de científicos de la Universidad de Australia Occidental y de la Universidad John Curtin (en Australia), dirigidos por Lister Staveley-Smith, anunciaron en la página web del Centro Internacional de Investigación por Radioastronomía (ICRAR) que habían registrado 883 galaxias previamente ocultas tras la Vía Láctea en la región del Gran Atractor, un tercio de las cuales eran galaxias desconocidas hasta entonces. Las galaxias, que están a 250 millones de años luz de la Tierra, fueron descubiertas con un radiotelescopio del Observatorio Parkes de la Organización de Investigación Científica e Industrial de la Commonwealth, CSIRO, del Gobierno australiano, que estaba equipado con un receptor especial para este fin. Sin embargo, ese descubrimiento no proporcionó la explicación esperada para la falta de masa en el Gran Atractor.

Es pertinente que, llegado a este punto, quizás se haga una pregunta. ¿Y si el Gran Atractor no es solo una concentración de galaxias? ¿Y si lo que hay allí es algo aún más grande? Cuando los astrónomos trazan mapas tridimensionales del universo, lo que ven no es una distribución uniforme de galaxias flotando al azar. Lo que observan es algo mucho más complejo y fascinante, una red cósmica conocida como la estructura a gran escala del universo.

Esa red está formada por filamentos de galaxias que se agrupan en largas cadenas, que a su vez convergen en nodos muy densos, los supercúmulos. Entre esos nodos hay enormes vacíos, regiones oscuras donde apenas hay materia. Es como un gigantesco panal tridimensional hecho de galaxias. El Gran Atractor parece estar justo en el cruce de esos filamentos, en un nodo gravitacional donde muchas estructuras masivas se entrelazan. Algunos expertos creen que se podría estar ante una interconexión de supercúmulos, como si se estuviera viendo un solo vértice de una construcción aún más grande, un hipercomplejo galáctico, algo que no tiene nombre, porque aún no se sabe cómo clasificar.

¿Y si lo que se percibe como el Gran Atractor es solo el efecto local de una atracción mayor? Algunos estudios apuntan más allá, hacia el llamado supercúmulo de Shapley, una de las concentraciones de materia más masivas conocidas, mucho más allá de la Zona de Evasión. La posibilidad de que tanto el Gran Atractor como Shapley formen parte de una misma estructura gigantesca haría que el concepto de escala que hoy se posee quedará pequeño. Y aquí entra en juego otro ingrediente crucial, la materia oscura. Esa forma invisible de materia, que no emite ni refleja luz, pero ejerce gravedad, podría estar jugando un papel fundamental.

Tal vez esas megaestructuras están esculpidas por enormes concentraciones de materia oscura, que atraen galaxias como si fueran cuentas en un collar invisible. Entonces, ¿podría existir? La respuesta más honesta y fascinante es sí, y tal vez ya se esté observando sin saberlo. Podría ser que el universo no solo esté lleno de galaxias, sino de arquitecturas cósmicas tan enormes que nuestra mente apenas puede concebirlas. Estructuras que no son obra de nadie, sino el resultado natural de la gravedad trabajando durante miles de millones de años sobre la materia del cosmos.

En 1994, un equipo internacional (el proyecto «IAC« o International Astronomical Consortium) publicó los primeros mapas detallados de la estructura del GA: no era un objeto único, sino una concentración de cúmulos de galaxias. En 2014, el equipo de R. Brent Tully (Universidad de Hawái) publicó la definición del Supercúmulo de Laniakea (del hawaiano lani = cielo, akea = inmenso). Dentro de este supercúmulo de 100 mil galaxias, el Gran Atractor no es el centro, sino un «sumidero» gravitacional dentro de un filamento mayor. Tully lo expresó así: «El Gran Atractor no es un monstruo solitario, es la cuenca de una montaña mucho más grande”.

En 2017, Yehuda Hoffman y colaboradores publicaron un estudio complementario que identificó, en la dirección opuesta al Gran Atractor, una región de baja densidad bautizada como Dipole Repeller). La idea es que el movimiento de la Vía Láctea no se explica solo por la atracción del Gran Atractor, sino también por la «repulsión» gravitacional efectiva de un gran vacío cósmico situado en la dirección contraria. El universo local, por tanto, se entiende como un equilibrio entre zonas de sobredensidad que atraen y zonas de subdensidad que, por contraste, «empujan».

Estudios del 2024 en Nature Astronomy sugieren que Laniakea podría formar parte de una cuenca de atracción aún mayor conectada con Shapley, lo que genera debates sobre la escala exacta de esos flujos. Además, la energía oscura acelerará la expansión en miles de millones de años, y debilitaría la influencia del Gran Atractor sobre la Vía Láctea. En 2005, los astrónomos llevaron a cabo un estudio de rayos X en la Zona de Evasión, en donde se menciona que el GA en realidad tenía sólo una décima parte de la masa que los científicos habían calculado originalmente. Observaciones del 2026 confirman la existencia de estructuras similares al Gran Atractor en el 64 % de las simulaciones de campos de velocidad y validan el modelo estándar dentro de las incertidumbres observacionales.

Hoy, con datos del observatorio de rayos X Chandra, el radiotelescopio Parkes (Australia) y el cartografiado 2MASS (Two Micron All-Sky Survey), la imagen consensuada es la siguiente: El Gran Atractor es un supercúmulo de galaxias masivo situado a unos 150-200 millones de años luz. Su centro gravitatorio coincide con el Cúmulo de Centauro y el Cúmulo de Norma, ese último es más denso, con una masa estimada de 1015 masas solares (una cifra colosal equivalente a decenas de miles de veces la masa de la Vía Láctea). Pero no es el único actor.

El Gran Atractor no actúa solo. Forma parte de una red de fuerzas a gran escala que incluye al Supercúmulo de Shapley, la mayor concentración conocida de galaxias en el universo cercano, situada a unos 650 millones de años luz y que ejerce una influencia gravitacional adicional sobre el flujo de materia.

Utilidad científica: el mapa de corrientes cósmicas

Usted pudiera preguntarse, ¿para qué sirve estudiar esto? La respuesta es la siguiente:

·       Cartografiar la materia oscura. Al medir cómo se mueven las galaxias hacia la región, se puede inferir la distribución de masa total (visible + oscura), ofreciendo una vía independiente para estudiar la componente invisible del universo.

·       Probar la relatividad general a escalas cosmológicas. El flujo de materia hacia el Gran Atractor permite verificar si la gravedad se comporta como predijo Einstein en escalas de cientos de millones de años luz.

·       Calibrar la constante de Hubble. Comprender las velocidades peculiares ayuda a corregir las mediciones de expansión cósmica, un dato crucial en la actual tensión sobre el valor de H?.

·       Entender la formación de estructuras. El Gran Atractor es un laboratorio natural para estudiar cómo la gravedad moldea la red cósmica desde el Big Bang hasta hoy.

·       Refinar simulaciones numéricas. Proyectos como IllustrisTNG o Millennium Simulation utilizan datos del Gran Atractor para validar sus modelos de evolución del universo.

 

 Principales reservas y preguntas abiertas en el 2026

A pesar de los avances alcanzados, persisten debates:

1.     Naturaleza exacta de la masa. No se ha determinado con precisión qué fracción corresponde a materia bariónica (galaxias, gas caliente) y qué fracción a materia oscura. Las estimaciones varían entre modelos.

2.     Sesgo observacional. La Zona de Evitación impide un censo completo de galaxias en la región. Es posible que existan cúmulos aún no detectados que modifiquen el cálculo de masa total.

3.     ¿Atractor o simple nodo de flujo? Algunos cosmólogos, como Marc Postman (2012), han sugerido que el flujo de galaxias podría extenderse a escalas aún mayores de lo previsto, lo que pondría en duda que el Gran Atractor sea el único responsable del movimiento observado.

4.     Tensión con el modelo ?CDM. El flujo de materia a gran escala observado alrededor del Gran Atractor es ligeramente superior al predicho por el modelo cosmológico estándar (?CDM). Eso no invalida el modelo, pero introduce una tensión que motiva estudios adicionales sobre la distribución de materia oscura.

5.     Limitaciones de la muestra. Catálogos de velocidades han ampliado enormemente los datos, pero aún contienen incertidumbres de distancia del 10 %-20 % para galaxias lejanas.

 

Hechos importantes y cronología relacionada con el Gran Atractor

 

Fecha

Hito

1929

Edwin Hubble descubre la expansión universal.

1976

Tully-Fisher publica la relación que permite medir distancias y velocidades.

1986

Lynden-Bell y colaboradores identifican el vector del Gran Atractor.

1990

El satélite IRAS confirma la estructura en infrarrojo, reduciendo el efecto de la Zona de Evitamiento.

2005

El proyecto 2MRS (Redshift Survey) mapea 25 000 galaxias y sitúa al Gran Atractor en l=307, b=9 (coordenadas galácticas).

2014

Tully et al. definen Laniakea; el Gran Atractor no es el centro, sino una zona de caída.

2023-2026

El telescopio espacial Euclid y el observatorio VLT (Chile) toman espectroscopía de alta resolución de 10 mil galaxias en la zona, buscando medir el flujo de materia oscura con precisión del 5 %.

 

El Gran Atractor no es un destino, sino una brújula. Recuerda que el universo observable (90 mil millones de años luz de diámetro) está tejido por filamentos invisibles de materia oscura, y que nuestra galaxia es solo una hoja arrastrada por un río cósmico. Cada nueva medición que se realiza, desde el satélite Planck hasta el observatorio Vera Rubin, prometen afinar la imagen de esa «bestia».

El Gran Atractor, más que un objeto, es una pregunta abierta que la cosmología continúa respondiendo con paciencia, telescopios y matemáticas. Como escribió Lynden-Bell en una reflexión posterior a su artículo de 1988, la ciencia avanza cuando acepta que «lo invisible puede pesar más que lo visible». El Gran Atractor es, quizá, la demostración más elocuente de esa máxima. Pero lo más fascinante es que, aunque no se pueda ver directamente, se sabe que está ahí por sus efectos. Como el viento en un día sin nubes. Como la gravedad de un fantasma. El Gran Atractor es, en esencia, la prueba de que el cosmos está vivo con movimientos que aún estamos aprendiendo a leer.

Y mientras tanto, nosotros, los terrestres, viajamos a 2.16 millones de kilómetros por hora hacia él. Sin sentir nada. Sin llegar nunca. Simplemente, existiendo en su corriente.

Referencias

·       Badillo, Rubén. La Vía Láctea se precipita a 600 km/s hacia algo llamado el ‘Gran Atractor’. 2026 junio 20. National Geographic. https://www.nationalgeographic.com.es/ciencia/via-lactea-se-precipita-a-600-kms-hacia-algo-llamado-gran-atractor_28612

·        El gran atractor. Wikipedia. https://es.wikipedia.org/wiki/Gran_Atractor

·       Gómez, Mar (presentadora). 2025 abril 17. El gran atractor: la fuerza invisible que nos arrastra. [episodio de podcast de audio] Planeta Oculto. Obtenido de: https://www.ivoox.com/gran-atractor-fuerza-invisible-nos-audios-mp3_rf_144435024_1.html

·        Great Atractor. Enciclopedia Británica. https://www.britannica.com/topic/Great-Attractor

·        Millán Valencia, Alejandro. 2023 mayo 23. ¿Qué es el Gran Atractor, la misteriosa región del cosmos hacia donde se dirigen miles de galaxias? (incluida la Vía Láctea). BBC. https://www.bbc.com/mundo/noticias-65649604

 

Etiquetas: