Por Oscar Ferrer
Estudios arqueológicos de fines del siglo XX e inicios del XXI revelan que la momificación, a diferencia de lo dado por cierto desde tiempos remotos, no fue una práctica funeraria originaria de Egipto, pues en realidad surgió en las arenas salitrosas del norte de Chile y el sur de Perú, zona andina y desértica donde habitaron los chinchorros, miembros de una antigua comunidad humana.
Se asegura que ellos momificaban mucho antes de que lo hicieran los egipcios.
El Instituto Latinoamericano de Museos plantea que se han hallado momias elaboradas por integrantes de la cultura chinchorro que datan de cinco mil años antes de nuestra era, dos mil años antes de las hechas en los tiempos de los faraones.
El método utilizado por estos precursores fue de gran complejidad, ya que no iban a la simple deshidratación del cadáver, sino a la reconstrucción del cuerpo a momificar.
Patrimonio mundial
A diferencia de la momificación en Egipto, que era un privilegio para la élite, la comunidad andina de los chinchorros no hacía exclusiones para honrar a sus muertos. Su método de momificar consistía en desmembrar y descarnar los restos para luego reforzarlos con varillas de madera.
Rellenaban las cavidades con ceniza, arcilla y fibras vegetales, y cubrían la estructura del cuerpo con una pasta de manganeso negro u ocre rojo, para crear una figura rígida, con máscaras faciales de barro y pelucas de cabello humano real.
Al final enterraban los cuerpos intervenidos en el desierto, envueltos en esteras y pieles de llama, junto a diversos objetos.
En julio del 2021, la UNESCO declaró la momificación artificial practicada por la cultura chinchorro hace miles de años como Patrimonio Mundial de la Humanidad, y la reconoció como la más antigua del mundo.