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Carlos del Porto Blanco

“Un álbum de fotos bajo el brazo era todo su equipaje, Ana Manso aceptó el ofrecimiento, se aferró al brazo de aquel hombre como al último salvavidas del Titanic y subió a sus quince primaveras. Sobre una rastra, detenida por unos minutos al borde de la carretera, fue donde ofreció su primera caricia oral a la entrepierna de un camionero. Quizá por eso su obsesión con los perfumes, porque el olor desabrido de la simiente del hombre quedaría impreso para siempre en su larguísima y fina nariz.”

Más allá de nuestras diferencias, de que nos costara trabajo llegar a un consenso sobre qué cocinar hoy o qué color darle a las paredes, qué música, qué ropa, qué manera de vivir es la más acertada, teníamos una familia otra vez. Eso, una familia. Nos preocupábamos las unas por las otras. Si alguna demoraba en llegar salíamos a buscarla. Jamás asistimos solas a otro turno médico, guardia o regreso de algún viaje, ni lloramos solas otro mal de amor. Niñas en la casa vieja. Dazra Novak.

Así comienza la novela Niñas en la casa vieja de la escritora cubana Dazra Novak, que fue publicada en el 2019 por la editorial Letras Cubanas. La obra fue premiada en 2022 con el Premio de la Crítica Literaria, el cual es entregado cada año por el Instituto Cubano del Libro y el Centro Cultural Dulce Maria Loynaz.

Mairely Ramón Delgado, Dazra Novak, nació en La Habana en 1978. Se formó como historiadora y posteriormente cursó estudios en el Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso en 2005. Ha escrito cuentos, novelas, minicuentos y crónicas. Entre sus obras destacan el cuento Cuerpo reservado, (Premio Pinos nuevos 2007), el cuento Cuerpo público (Premio David y Premio Especial Cabeza de zanahoria (2007), la novela Making (Premio Uneac de novela Cirilo Villaverde), el cuento Los despreciados y la colección de minicuentos Erótica. Esta autora se le sitúa en la Generación Cero.

Según el crítico Rogelio Riverón plantea en la contraportada del libro: “La sutileza, la recurrencia a referentes afectivos, pero también políticos y del arte y las letras, una conciencia del lenguaje que reconoce tanto el gesto culto como la jerga; el humor y la ironía dan cuerpo a este relato que ratifica la capacidad alusiva y cuestionadora de Dazra Novak. Sorprendente, llena de mujeres pertinaces, bellas, egoístas, ocurrentes, amorosas, arteras, libres, al borde de la desesperación o de la nostalgia, Niñas en la casa vieja es un libro tramado con pericia, consciente de su alevosía. ¿Novela lésbica? Insuficiente. ¿Novela feminista? Insuficiente. Se trata de una novela sobre la condición femenina; es en primera instancia un hermoso poema a la mujer y sus inabarcables perspectivas. En segunda instancia, lo sospecho, es muchísimo más.

En el libro se encuentra la historia de varias mujeres que, por distintas razones y casualidades, son invitadas a habitar una casona del Vedado junto a su dueña: Camila Comas, locutora de radio y narradora de la novela. Cada capítulo cuenta la historia de vida de una de ellas, así como las circunstancias en que llegaron a vivir a la casa. A través de la novela se va conociendo más de ellas, también se amplía el universo del texto y la trama misma.

La primera en aparecer es Ana Manso, huérfana originaria de Pinar del Río, amante de la música, pero incapaz de reproducir hasta la tonada más sencilla, emigró a La Habana a los 15 años, edad en la que también comenzó a intercambiar servicios sexuales a cambio de transporte, comida y dinero. Con ella llega también su colección de animales, la que crece mientras reside en la casona.

Rosita Aparicio es la segunda en llegar a la casa. A los veinte años se enamoró de una cantante y fue repudiada por los padres: “nada de malo había en declararse rockera pero lo de ser lesbiana no lo aceptarían tan fácilmente”.?La buena suerte le permite ganar suficiente dinero para alejarse de su familia y también la convierte en la víctima de varias estafas inmobiliarias, de las que se salva cuando la narradora la invita a vivir con ella. Es reconocida por todas las habitantes como la del mejor gusto y con una obsesión por los olores y los perfumes.

En tercer lugar, llega Lina Linet, artista, andrógina, con tendencia a la depresión y al consumo excesivo de drogas. Ella también fue despreciada por el padre, quien intentó por todos los medios que psiquiatras, psicólogos e incluso la policía reprimiera las preferencias sexuales de su hija. Más adelante llega la médica Rosario Farrás, “la versión femenina de un hombre mujeriego”, según la narradora. Tiene una larga lista de amantes hasta que se enamora de una culta bibliotecaria para quien son insuficientes sus encantos y esfuerzos para conquistarla.

La quinta habitante es Zulema Restrejo, española “obsesionada con las tetas” que se dedica a menospreciar lo cubano hasta que la narradora cita Nuestra América de José Martí para dejarle claro que no puede seguir con esos aires de superioridad: “nosotras pensábamos como el Apóstol, nuestro vino podría ser todo lo agrio que quisiera, que nunca… ¡nunca dejaría de ser nuestro vino!” No es casualidad que, de todas ellas, la extranjera es quien logra hacer todo tipo de negocios sucios e inversiones especulativas que se aprovechan del contexto de crisis.

Vera Borras es la última en llegar a vivir a la casona. Se trata de una joven fotógrafa autodidacta y encantadora que gusta de ser observada y admirada por todas sus compañeras. A diferencia del resto, para ella el ejercicio de su sexualidad no tiene etiquetas ni implica algún trauma familiar.

Se debe destacar el papel de la casa, que es en sí misma un personaje más de la novela, cuyos secretos, habitaciones y distribución espacial también se va descubriendo conforme avanzamos, al igual que el universo y trama de la novela. El capítulo con el nombre de Camila Comas confirma que la verdadera protagonista de la novela es la casa, o bien, que es imposible separar a la narradora de ésta, como si ambas constituyeran un solo personaje. Se trata de una casa con jardín, lobby, comedor amplio, el patio con una ceiba, “[…] una casa con cuartos tan espaciosos que era posible vivir en ella sin tropezarnos unas con otras. En verdad, me bastaba con saber que estaban ahí, aunque no se las viera. Esas mujeres eran un mapa divertido. La compañía posible. La manera de callar mi soledad y mis recuerdos.”

Niñas en la casa vieja ofrece una exploración profunda y emotiva de la amistad, el aislamiento y las identidades sáficas en la Cuba del Periodo Español. La casona del Vedado no es únicamente el escenario en el que transcurre la vida de esas mujeres sino un personaje en sí mismo que muestra el pasado y presente del país, además de ser una representación muy acertada de una isla urbana en la que se encapsulan las necesidades y tensiones derivadas de vivir en una sociedad como la cubana, atravesada por la precariedad, el machismo y la heteronorma.

Es una lectura que se disfruta, la recomiendo, pueden adquirida en: https://ruthtienda.com/product/ninas-en-la-casa-vieja/

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