Los microvertederos abundan en las calles de La Habana, y su recogida esporádica, a pesar del esfuerzo que implica por la crisis económica del país, atenúa pero no resuelve la higiene urbana.
La actual escasez de combustible, arreciada por el bloqueo energético, ha acrecentado los problemas para limpiar la ciudad de desechos sólidos, de los que el hombre es un gran generador.
Mas, está sucediendo que ante el acúmulo de basura, algunos vecinos han acudido a su quema en los barrios, que son espacios públicos, una práctica muy nociva para la salud y el medio ambiente.
Prender fuego de forma no controlada a tales desperdicios es una acción que no elimina la penosa situación, sino que crea otros inconvenientes, pues en el humo que emana de las llamas, y que es respirado por las personas, se liberan sustancias tóxicas que permanecen durante años en el organismo, ocasionándole serias afecciones.
La ciencia lo confirma
Daños pulmonares, cutáneos, en el corazón, el cerebro y otros son algunos de los principales efectos en la salud ocasionados por al menos 30 tipos de compuestos deletéreos que se desprenden de la combustión incontrolada de los basureros.
Hay que tener en cuenta que a esos depósitos se tiran plásticos, baterías, metales, equipos electrónicos y todo tipo de objetos ya inservibles, que al ser incinerados se convierten en venenos humeantes.
Un ejemplo claro lo ha expuesto el Centro de Neurociencias de Cuba, que explica cómo esas sustancias atraviesan la barrera hemato-encefálica, mecanismo natural de protección del cerebro, y pueden afectar la memoria, el desarrollo cognitivo de los niños y desencadenar enfermedades neuro-degenerativas.
El país enfrenta una crisis en la recolección de desechos, pero, ¡Mucho cuidado!; su quema no puede ir en contra de la salud colectiva.