En medio de la tristeza tras la explosión del barco francés La Coubre, se inmortalizó una imagen. Fue el cinco de marzo de 1960, cuando el fotógrafo Alberto Díaz, conocido como Korda, capturó una foto convertida en leyenda: el retrato del Che.
66 años después sigue cautivando la imagen de su rostro serio pero bello, el ímpetu de su juventud, la audacia viril y decidida actitud de quien se sobreponía al profundo dolor ante el sabotaje cruel que cegó un centenar de vidas.
Aunque considerada una de las 100 mejores piezas de toda la historia de la fotografía y entre los 10 más sobresalientes retratos, ni su propio autor pudo precisar porque resultaba tan atractiva.
Aquel cinco de marzo, el fotógrafo cubano paneaba la tarima donde estaba la presidencia del acto de despedida de duelo de las víctimas de la explosión de La Coubre, cuando encontró al Che.
Una foto inmortal
Al encuadrar el rostro del Guerrillero Heroico, Korda queda impactado y acciona el obturador de su vieja cámara justo cuando él avanza y se ubica por un instante en la primera fila para casi de inmediato retirarse otra vez al fondo.
Toma la fotografía y luego le regala una copia a un editor italiano quien, después del anuncio de la muerte del Che, la presenta en forma de afiche en Milán y los estudiantes salen a la calle con ella gritando Che vive, oponiéndola a la imagen del guerrillero muerto circulada por la CIA.
La foto es reproducida en libros, periódicos y revistas, banderas, pañuelos y camisetas, que han dado a otros millones de dólares y por lo que Korda jamás quiso cobrar ni un solo centavo.
No hizo falta. Condensó toda una historia en un retrato, en la imagen del Guerrillero Heroico que está eternamente vivo.