Carlos del Porto Blanco
En el vasto universo de los números, existe un personaje tan paradójico como fundamental: el cero. Representante de la nada, ese símbolo circular ha transformado la historia de la humanidad de manera más profunda que cualquier otro concepto matemático. Su aparente simplicidad —un vacío que parece carecer de valor— oculta una realidad mucho más compleja: sin el cero, la ciencia moderna, la tecnología digital y nuestra comprensión del universo serían imposibles. A este número dedicaré la columna de hoy.
El cero es la llave que abre la puerta al infinito. Georges Ifrah
El cero no es simplemente la ausencia de cantidad; es la llave maestra que permitió a la humanidad pasar de contar con los dedos a calcular trayectorias espaciales. Su historia es un fascinante viaje a través de civilizaciones, religiones y filosofías, donde lo que empezó como un simple espacio en blanco se convirtió en el fundamento del pensamiento científico moderno. Recorramos su historia.
El Mundo antes del Vacío (3000 a. n. e. – 500 a. n. e.)
Las civilizaciones que temían la Nada
Antes de que el cero existiera como tal, las civilizaciones antiguas desarrollaron sistemas numéricos impresionantes que, curiosamente, carecían de un símbolo para representar la ausencia. Los babilonios, con su sofisticado sistema sexagesimal base-60, utilizaban un pequeño espacio para indicar la falta de valor en una posición determinada. Sin embargo, esa práctica no era más que un marcador posicional; nunca consideraron que ese espacio pudiera ser un número en sí mismo. Posteriormente, alrededor del siglo III a. n. e., introdujeron un símbolo de doble cuña ( ) específicamente para evitar ambigüedades, aunque no lo trataban como un número independiente. Era un marcador de posición, no una entidad matemática completa.
En Egipto, los escribas desarrollaron jeroglíficos elegantes para representar números, pero cuando necesitaban indicar la ausencia de algo, simplemente no lo escribían. La idea de que la nada pudiera ser representada era tan ajena que, paradójicamente, no existía ni siquiera como concepto negativo.
En el sistema de numeración egipcio se utilizó el signo “-nfr-“ para indicar el cero (en el Papiro Boulaq 18, datado hacia el 1700 a. n. e.)
El Caso Maya: Los Visionarios del Vacío
Una excepción notable en ese panorama apareció en Mesoamérica. Los mayas, aislados del resto del mundo matemático, desarrollaron uno de los conceptos más revolucionarios de la historia: un símbolo explícito para representar el cero. Hacia el año 36 a. n. e., los astrónomos mayas comenzaron a utilizar un símbolo que representaba una concha de caracol invertida para indicar la ausencia de valores en sus complejos cálculos calendáricos. Esa innovación no fue casual: los mayas necesitaban calcular ciclos astronómicos que duraban millones de años, y un sistema que no pudiera representar la nada sería insuficiente para sus fines.
El cero maya estaba profundamente entrelazado con su cosmovisión. En su religión, el cero representaba el principio y el fin, el momento de la creación y el potencial de todo lo que podría ser. No era simplemente un marcador matemático; era un símbolo sagrado que conectaba el mundo terrenal con los cielos.
La Revolución India (458 – 628)
El Nacimiento del Cero como Número
Mientras Europa atravesaba la oscuridad de la Edad Media, en la India florecía una de las culturas más avanzadas de la historia. Fue aquí donde ocurrió la verdadera revolución del cero: no como simple marcador, sino como número con valor propio. El manuscrito Bhakshali (siglos III–IV) contiene la primera referencia escrita conocida del cero como símbolo posicional. Más tarde, matemáticos como Aryabhata (siglo V) y Brahmagupta, nacido alrededor del año 598 en Bhinmal, Rajasthan, es considerado el padre del cero moderno. En su monumental obra Brahmasphutasiddhanta («La apertura del universo»), escrita en el año 628, estableció por primera vez reglas completas para operar con el cero. Brahmagupta definió el cero como «el resultado de restar un número a sí mismo» y formuló reglas que hoy en día parecen evidentes, pero que en su tiempo eran revolucionarias:
- El número negativo más cero es negativo
- El número positivo más cero es positivo
- Cero más cero es cero
- Cero menos cero es cero
- Cualquier número multiplicado por cero es cero
Su innovación más audaz fue extender esas reglas a los números negativos, concepto que ni siquiera Aristóteles había podido aceptar. Brahmagupta usaba los números negativos para representar deudas, mientras que los números positivos representaban fortunas. Esa metáfora financiera permitió a su sociedad entender y aceptar la existencia de cantidades «menos que nada».
El Viaje del Cero hacia Occidente
Claudio Ptolomeo en el Almagesto, escrito en 130, usaba el valor de “?” (omicron) con una barra encima. Ptolomeo solía utilizar el símbolo entre dígitos o al final del número. Podría pensarse que el cero habría arraigado entonces, pero lo cierto es que Ptolomeo no usaba el símbolo como “número” sino que lo consideraba un signo de anotación. Ese uso no se difundió, pues muy pocos lo adoptaron.
Los romanos no utilizaron el cero. Sus números eran letras de su alfabeto; para representar cifras usaban: I, V, X, L, C, D, M, agrupándolas. Para números con valores iguales o superiores a 4000, dibujaban una línea horizontal sobre el “número”, para indicar que el valor se multiplicaba por 1000.
El Sun Zi Suanjing, de fecha desconocida pero que se estima que data del siglo I al V, y los registros japoneses que datan del siglo XVIII, describen cómo el sistema de barras de conteo chino del siglo IV a. n. e. permitía realizar cálculos decimales. Como se señala en Suanjing de Xiahou Yang que establece que para multiplicar o dividir un número por 10, 100, 1000 o 10000, todo lo que se necesita hacer, con las varillas en el tablero de conteo, es moverlas hacia adelante, o hacia atrás, por 1, 2, 3 o 4 lugares. Según A History of Mathematics, las barras «dieron la representación decimal de un número, con un espacio vacío que indica cero». El sistema de barra de conteo se considera un sistema de notación posicional.
El concepto del cero no permaneció confinado a la India. A través de los comerciantes y eruditos árabes, esa innovación viajó hacia Bagdad, el centro intelectual del mundo islámico medieval. Allí, el matemático persa Al-Juarismi estudió las obras de Brahmagupta y las perfeccionó. Al-Juarismi no solo adoptó el cero, sino que lo integró en un sistema numérico completamente nuevo que incluía el uso de números posicionales. Ese sistema, que conocemos como «números arábigos», permitía representar cualquier cantidad con solo diez símbolos (0-9) y su posición relativa.
El primer testimonio del uso del “cero indio” está datado en el año 683: una inscripción camboyana de Angkor Wat, tallada en piedra, que incluye el número “605”.
La palabra «cero» en sí misma cuenta una historia de viaje y transformación. Proviene del sánscrito «??nya», que significa «vacío» o «nada». Los árabes la tradujeron como «sifr», que significa «vacante». Cuando ese concepto llegó a Europa, los latinos lo llamaron «zephirum», que finalmente evolucionó hasta convertirse en «cero».
La Resistencia Europea y la Revolución Silenciosa (1200-1600)
El Diablo en Forma de Círculo
Cuando el cero llegó a Europa en el siglo XIII, enfrentó una resistencia feroz. El matemático italiano Fibonacci fue clave en su difusión en el siglo XIII con su «Liber Abaci» (1202). Para los eruditos medievales, cristianos devotos, la idea de que «la nada» pudiera ser representada era no solo irracional, sino blasfema. Dios había creado el mundo de la nada, y solo Dios podía contener el vacío. Cualquier intento humano de representar la nada era considerado un acto de orgullo satánico. El papa Silvestre II, matemático y primer cristiano europeo en utilizar el cero, fue acusado de brujería. Su habilidad para calcular fechas y predecir eclipses fue vista como pacto con el demonio. Después de su muerte, los murmullos persistentes sugerían que su conocimiento matemático provenía de un pacto con Satán.
La adopción en Europa fue llena de reservas y recelos:
- Filosóficas: El concepto de «la nada» como entidad numérica chocaba con la cosmovisión aristotélica dominante, que rechazaba el vacío.
- Religiosas: Algunos veían el cero, que permitía representar el infinito en grandes números, como peligroso y vinculado a lo demoníaco.
- Prácticas: Los mercaderes desconfiaban, temiendo que añadir ceros en documentos financieros pudiera facilitar fraudes. En 1299, la ciudad de Florencia llegó a prohibir el uso de los numerales indo-arábigos (incluido el cero) por los banqueros, obligándoles a usar números romanos, menos propicios a la alteración.
La Revolución Silenciosa
La verdadera victoria del cero llegó no a través de debates académicos, sino por la necesidad práctica. A medida que el comercio europeo se expandía, los comerciantes necesitaban calcular intereses, cambiar monedas y llevar libros de contabilidad. El sistema romano resultaba cada vez más inadecuado para esos cálculos complejos. El número cero permitía representar cantidades grandes de manera concisa y realizar operaciones que eran imposibles con el sistema romano. ¿Cómo calcular el interés compuesto o dividir grandes sumas sin el cero? Gradualmente, desde el comercio hacia la academia, el cero conquistó Europa.
Los Cimientos de la Computación
En el siglo XXI, el cero ha encontrado su dominio definitivo: la informática digital. Todo dispositivo digital, desde el terminal móvil más básico hasta la supercomputadora más avanzada, funciona gracias a una danza constante de ceros y unos. El sistema binario, desarrollado por el matemático alemán Gottfried Wilhelm Leibniz en el siglo XVII, es la base de toda la computación moderna. Leibniz encontró inspiración en el I Ching chino, un texto antiguo que utiliza combinaciones de líneas quebradas (ceros) y continuas (unos) para representar el universo. Cada imagen, video, mensaje o aplicación en nuestros dispositivos es, en última instancia, una secuencia de ceros y unos. Un simple mensaje de texto como «Hola» se convierte en una compleja serie de ceros y unos que viaja a través de cables y ondas electromagnéticas para reconstruirse en otro dispositivo.
El concepto.
El cero (0) es un numeral de la propiedad par. Es el signo numérico de valor nulo, que en notación posicional ocupa los lugares donde no hay una cifra significativa. Si está situado a la derecha de un número entero se multiplica por 10 su valor; colocado a la izquierda, no lo modifica. Utilizándolo como número, se pueden realizar con él operaciones algebraicas como sumas, restas, multiplicaciones, entre otras. Pero, por ser la expresión del valor nulo (nada, nadie, ninguno…), puede dar lugar a expresiones indeterminadas o que carecen de sentido. Es el elemento del conjunto ordenado de los números enteros (?, ?) que sigue al –1 y precede al 1.
Algunos matemáticos lo consideran perteneciente al conjunto de los naturales (?) ya que esos también se pueden definir como el conjunto que nos permite contar el número de elementos que contienen los demás conjuntos, y el conjunto vacío tiene ningún elemento, en algunos estudios, por ejemplo, topología, o para definir series donde el primer término es distinto de cero o no se pueda definir con el uso del mismo, el cero no se considera un natural. Cuando la inclusión o no del cero en los números naturales es relevante se especifica en la notación, indicando ?0 como el conjunto de los naturales incluyendo el cero y ?+ como el conjunto de los naturales excluyendo el cero.
El número cero se puede representar como cualquier número más su inverso aditivo (o, equivalentemente, menos él mismo): X + (–X) = 0. Algunos consideran que el cero es un número «tanto positivo como negativo». Esa propiedad se da debido a, dado x un número real (también se cumple para un número complejo x), el cero satisface la ecuación x=(-x).
No cabe duda que, en el sistema numérico actual, el número 0 es algo esencial. Dibujando un simple óvalo, aparece la posibilidad de poder escribir y operar con números tan grandes como se quiera de forma sencilla y rápida. Se trata de las ventajas de trabajar con un sistema numérico posicional decimal, es decir, uno en el que es posible operar con solo 10 dígitos en donde, el valor que adopta cada uno, depende de la posición. Es decir, en 80, el 8 adquiere el valor de las decenas, mientras que, en 800, esa misma cifra se identifica con las centenas.
Sin embargo, no todos los sistemas numéricos funcionan así, lo que supone, a nivel operativo, una desventaja enorme. Un ejemplo es el romano, en el cual se usan siete letras para definir al completo de cifras: I, V, X, L, C, D, M. La diferencia es que, en ese caso, esas letras siempre tendrán el mismo valor, sea cual sea su posición. Eso hace que la escritura y operación con números grandes sea un proceso más lento y difícil: el número escrito en numeración posicional como 3.988, en numeración romana se identifica como MMMCMLXXXVIII.
Algunas curiosidades.
- “Eres un cero a la izquierda”: La expresión popular subraya el rol posicional del cero—no altera el valor si está a la izquierda, pero multiplica por diez si está a la derecha—y refleja cómo la matemática permea el lenguaje cotidiano
- Filosofía de la nada: En Grecia, la “nada” era conceptualmente sospechosa; esa reserva retrasó su formalización como número. La tensión entre vacío y existencia marcó debates que reaparecen en la división por cero y en singularidades físicas.
- Calendarios sin “año 0”: La cronología occidental tradicional carece de año 0, lo que complica cómputos históricos y astronómicos; es un eco cultural de la tardía adopción del cero en Europa.
- Vacío vs. nada: Filósofos como Heidegger han reflexionado sobre la diferencia entre el “cero matemático” y el “nada ontológica”. El cero representa una cantidad definida (ausencia de magnitud), no la ausencia de existencia.
- La Universidad de Oxford: Alberga manuscritos sánscritos que contienen los primeros usos documentados del cero.
- La UNESCO: Reconoció en 2017 la importancia del cero declarando el sitio de la inscripción de Gwalior como patrimonio matemático mundial.
- Museos como el Science Museum de Londres y el Museo Nacional de India exhiben artefactos relacionados con la evolución del cero.
El cero, que comenzó como un simple espacio vacío en las tablas babilónicas, se ha convertido en el fundamento invisible de la civilización moderna. Su historia es un testimonio de cómo las ideas más simples pueden tener el impacto más profundo en la evolución humana. Desde sus humildes comienzos como un marcador de posición en las estrellas del cielo maya hasta su papel como protagonista en la danza cuántica de información, el cero demuestra ser mucho más que la ausencia de cantidad. Es el puente entre lo finito y lo infinito, lo concreto y lo abstracto, lo posible y lo imposible.
En un mundo donde la información es el recurso más valioso, el cero se mantiene como el símbolo más poderoso de la capacidad humana para transformar la nada en todo, demostrando que incluso el vacío más absoluto puede estar lleno de potencial infinito. En última instancia, el cero enseña que a veces lo más importante no es lo que tenemos, sino lo que falta, y que la verdadera sabiduría radica en entender que la nada y el todo son, paradójicamente, la misma cosa.
Referencias
- Cero. Wikipedia. https://es.wikipedia.org/wiki/Cero ç
- Freire, Noelia. National Geographic. El origen del número cero: el misterio detrás de la cifra esencial. https://www.nationalgeographic.com.es/ciencia/origen-numero-cero-misterio-detras-cifra-esencial_20756
- Fry, Hannah. La lucha que libró el 0 para ser aceptado como número. BBC. https://www.bbc.com/mundo/noticias-38290437
- Zero. Enciclopedia Británica. https://www.britannica.com/science/zero-mathematics