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Por Oscar Ferrer

El abogado, escritor, orador, diplomático e independentista cubano Gonzalo de Quesada y Aróstegui, nacido en La Habana el 15 de diciembre de 1868, fue quien llamó Apóstol por primera vez a José Martí, al pronunciar un discurso en Nueva York, en 1889, en un acto en homenaje al aniversario 21 del alzamiento del Diez de Octubre.

Martí lo quiso como a un verdadero hijo y él, quien por sobradas razones mereció ganarse ese cariño, fue, a la vez, su discípulo predilecto y su fiel albacea literario.

Cuando aún era un niño, sus padres partieron a suelo neoyorquino, donde hizo estudios de bachillerato y de Derecho.

Trabajó en un bufete de abogados de esa ciudad estadounidense y sobresalió como orador, ganándose la confianza y la admiración de quien fuera luego nuestro Héroe Nacional y fundador del Partido Revolucionario Cubano.

Valiosos servicios

Cuando era conocida la amistad que lo unía a Martí, Gonzalo de Quesada renunció a su cargo de cónsul de Argentina en Filadelfia para dedicarse a Cuba y ser un valioso auxiliar del Apóstol.

En 1892, tras la fundación del Partido Revolucionario Cubano, Martí, Delegado de la organización que dirigió los preparativos del reinicio de la lucha independentista, lo nombró su secretario, misión que desempeñó con total eficacia y le valió el aprecio extremo del Maestro.

A pesar de sus deseos de participar en Cuba en la guerra liberadora, debió permanecer en Nueva York al estimar el Apóstol que allí sería más útil a la causa de la patria.

Gonzalo de Quesada prestó a la emigración valiosos servicios al empeño de los cubanos de librarse de España, y terminada la contienda fue designado embajador para representar a Cuba, primero en los Estados Unidos, y luego en Europa.

Útil existencia

Gonzalo de Quesada, albacea literario de Martí, a quien este, antes de partir a la guerra le había indicado qué debía hacer con sus libros y trabajos, se dedicó a la compilación y conservación de lo escrito por el Apóstol, y trabajó en la publicación de la primera edición de sus obras, por lo cual no puede olvidarse que a él se debe el conocimiento de los documentos del más universal de los cubanos.

Por su labor como diplomático logró el reconocimiento del derecho de Cuba sobre la Isla de Pinos, mediante el Tratado Hay-Quesada, y representó a su país en conferencias panamericanas.

Como escritor se destacó en las páginas del periódico Patria; fue autor de una biografía de Ignacio Mora, patriota cubano esposo de Ana Betancourt; y dejó estudios sobre varias emigraciones.

Gonzalo de Quesada murió en Berlín, en 1915, cuando era embajador en Alemania.