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Por Miguel Alejandro García

Resulta doloroso que el mundo viva bajo la amenaza de la guerra. Conflictos armados como el de Ucrania y Rusia, el deferendo entre Israelíes y Palestinos, las amenazas norteamericanas en el Caribe contra Venezuela, hacen pensar que no ha sido suficiente la sangre derramada hasta hoy.

Sepa usted que la Organización de Naciones Unidas estableció el 30 de noviembre como el Día de Conmemoración de Todas las Víctimas de la Guerra Química.

Esta celebración es una oportunidad para rendir homenaje a miles de víctimas de ese flagelo, así como para reafirmar el compromiso con la prohibición de las armas químicas, promoviendo las metas de la paz, la seguridad y el multilateralismo.

Si usted no lo sabía, le comentamos que las armas químicas se utilizaron en gran escala durante la I Guerra Mundial, lo que resultó en más de un millón de víctimas.

Podemos mucho juntos

Aprobada en 1933, la Convención sobre las Armas Químicas determinó, en bien de toda la humanidad, excluir completamente la posibilidad de que se empleen armas químicas.

Valdría recordar el efecto de las detonaciones en Hisrohima y Nagazaki, eventos bélicos que, aún hoy, repercuten en la vida de los residentes en esas zonas japonesas.

O podríamos hablar del dolor y la desolación que viven los palestinos, luego de que sus tierras quedaran masacradas y devastadas. Antonio Guterres, Secretario General de Naciones Unidas, instó a asegurar nuestro futuro común: una agenda para el desarme, en la cual detalló una visión que contribuye a un mundo de paz y seguridad sostenible para todos.

Una vez más acudimos a la sabia del trovador de mil canciones, Silvio Rodríguez, quien no erró cuando aseguró que podemos hacer mucho, si nos damos las manos.