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Aprendiendo con la Ley Helms-Burton

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La Ley Helms-Burton lo peor de lo peor

La Habana, Cuba. – A lo largo de casi toda su corta historia, Cuba ha tenido que lidiar con las pretensiones coloniales de Estados Unidos.

Cuando la nación daba sus primeros pasos, en el Siglo XVIII, Benjamin Franklin, uno de los llamados padres fundadores de la Unión Americana, no escondía su interés por apoderarse de Cuba como parte de lo que calificaba como las Sugar Islam.

Destino Manifiesto, Fruta Madura, Doctrina Monroe, han sido la Estrella Polar de sucesivas generaciones de políticos estadounidenses, todos empeñados en lograr la hegemonía continental de un país que aún se ve a sí mismo como escogido por Dios para imponer el orden en el mundo.

Y en ese orden soñado, Cuba aparece como una apetecida plaza, cuya anexión, directa o indirecta, ha estado en el ideario geopolítico de casi todas las administraciones norteamericanas hasta nuestros días.

Lo peor de lo peor

Aunque solo ahora está activa de manera total, el engendro legal conocido como Ley Helms-Burton recoge lo peor de la histórica hostilidad de Estados Unidos hacia Cuba.

Al codificar el entramado de leyes que conforman el bloqueo, expresa de manera desembozada las pretensiones de recolonizar a nuestro país.

No hay nada similar en la historia del derecho internacional. Es por eso que cada cubano debería estudiar esa ley y conocerla al detalle, para comprender la naturaleza rapaz de un país que ha sido nuestro adversario histórico por su continuado anhelo de apoderarse de Cuba, exacerbado desde hace medio siglo tras el triunfo de la Revolución.

Hace unos años, cuando en Washinton parieron la ley con fórceps, en Cuba se publicó íntegra y ahora bien valdría una reedición, una opción para que los más nuevos aprendan con la Helms-Burton.

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