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En los últimos días, a través de redes sociales ha ganado visibilidad el fenómeno de los therians, que se trata de personas, mayoritariamente adolescentes y jóvenes, que afirman identificarse psicológica o espiritualmente con una o varias especies animales. Esto no es nuevo.

Sus primeras manifestaciones organizadas se remontan a los años 90 del pasado siglo, cuando comenzaron a surgir foros en internet donde personas con estas inquietudes compartían sus experiencias.

Sin embargo, el ecosistema digital actual ha contribuido a que comunidades antes dispersas adquieran una presencia más notoria, lo que ha generado reacciones encontradas.

Por un lado, ha despertado curiosidad y, en algunos círculos, algo de aceptación como parte de la diversidad identitaria contemporánea, y por otro, ha saltado la alarma social, burlas generalizadas y un encendido debate sobre sus implicaciones.

Un síntoma de la hipermodernidad

La línea que separa la metáfora de la patología es más fina de lo que parece. ¿Por qué un joven sano llegaría a sentirse atrapado en el cuerpo equivocado de una especie distinta a la suya?

La respuesta, según la sociología y la psicología del desarrollo, apunta a la crisis de pertenencia en la hipermodernidad, pues el fenómeno therian no surge en el vacío, explota en un caldo de cultivo donde las identidades tradicionales, como la sociedad, la familia, la religión o el Estado se han diluido y las redes sociales actúan como amplificador de esas conductas.

Algunos discursos sobre el tema han intentado equiparar la identidad de género con la identidad con una especie animal, una analogía que se debe considerar inválida y potencialmente dañina, pues trivializa luchas sociales complejas, como la de la comunidad LGBTC plus y desvía la atención de problemas reales.

¿Debemos preocuparnos por los jóvenes que se sienten animales?

¿Cuál debe ser, entonces, la postura de una sociedad responsable ante los therians? En primer lugar, la contención.

El sicólogo Angel Batista Leyva, consultado sobre este tema, recomienda a los padres no caer en la ridiculización ni en la prohibición tajante, sino en la escucha activa, pues preguntar ¿qué significa eso para ti? o ¿qué necesidad cubre? puede abrir una ventana al mundo emocional del adolescente que el simple castigo clausuraría.

Los therians son, ante todo, un síntoma de nuestro tiempo, son una señal de las contradicciones profundas que atraviesan las sociedades contemporáneas.

Los llamados generación Zeta o Alfa, especialmente en la era digital, no son la enfermedad, sino la fiebre; no son el problema de fondo, sino la expresión visible de algo que ocurre en el subsuelo de lo social.