La Habana, Cuba. – Emboscado entre las sombras con su capa de silencio, está esperando su hora el despreciable ratero. Recorrió la calle oscura buscando a diestro y siniestro dónde confianza y descuido dejaron un paso abierto.
De la gente inoportuna que pueblan el universo, es el más oportunista y vive siempre al acecho, pues todo le viene bien, sin importarle su precio.
Más duras tienen que ser las leyes contra el saqueo, sin llegar a la dureza del Talión en otros pueblos, que cobran ojo por ojo y arrancan dedo por dedo.
Tal vez resulten muy crueles la leyes del medioevo, pero aquel que no trabaja y quiere vivir del cuento, y nada de lo que tiene lo ha logrado con su esfuerzo porque ha vivido robando y despojando lo ajeno, merece que lo condenen a la cárcel y al desprecio.