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Por Roger Ricardo Luis

Durante años, el estadounidense Jeffrey Epstein fue percibido como un financiero bien conectado con amigos ricos y famosos en las más altas esferas de la élite global.

Pero detrás de esa fachada, el magnate lideró una organización criminal diseñada para captar, manipular y explotar a más de 1000 mujeres y niñas durante dos décadas.

Epstein fue arrestado en julio del 2019 por tráfico sexual de menores, unas semanas después apareció muerto en la celda que ocupada en una penitenciaria en Nueva York; se dice que sabía mucho y había bastante gente en el mundo que no quería que hablara.

Pero el pedófilo Jeffrey Epstein es de esos muertos que hablan, pues el caso no se cerró; las investigaciones arrojaron miles de documentos y evidencias salidas a la luz luego de que el Departamento de Justicia de Estados Unidos comenzó su divulgación en los últimos dos meses.

Los archivos hablan

Los llamados “archivos Jeffrey Epstein» lo conforman cientos de miles de páginas de documentos judiciales de investigaciones federales y estatales estadounidenses.

Son tres millones de páginas, 180 mil fotografías y 2000 videos incriminadores publicados a partir de enero último; en éstos aparecen nombres de altísimo perfil en el mundo de la política, la nobleza, la tecnología, el deporte y el espectáculo.

Los mencionados no necesariamente están involucrados en delitos, pues haberse relacionado con el financista no implica ninguna irregularidad por parte de esas personas, pero sí muestran algo sumamente significativo: el nivel de influencia que el pedófilo tenía.

El equipo de Jeffrey Epstein lo formaron mujeres de su entorno más cercano, quienes captaban, manipulaban y engañaban a las víctimas aprovechando la vulnerabilidad social o económica, prometiendo soluciones.

La podredumbre

En la lista de vinculados al depredador sexual Jeffrey Epstein aparecen Bill Gates, fundador de Microsoft; Andrés Mountbatten-Windsor, despojado de su condición de príncipe de la Corona inglesa; el multimillonario Elon Musk; el expresidente William Clinton; y la princesa Mette-Marit, de Noruega.

El nombre del mandatario Donald Trump aparece más de 6000 veces en los documentos; él ha negado sistemáticamente haber cometido irregularidades en relación con Epstein, pero recién declaró en la Casa Blanca que cree que “ya es hora de que el país se ocupe de otra cosa”.

Documentos judiciales, testimonios de víctimas y pesquisas periodísticas afirman que la red de Jeffrey Epstein se sostuvo sobre mecanismos estructurados y protegida por una complicidad que apenas empieza a perder su impunidad.

Toda una revelación de la podredumbre moral de quienes se dicen líderes del mundo.

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