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Por Miguel Alejandro García

De una manera distinta a la juventud se vive el amor en la tercera edad, con mayor objetividad, complicidad, respeto y aceptación incondicional.

Aunque no suele caracterizarse por la pasión desenfrenada de etapas anteriores, permite organizar planes, tener experiencias y concebir un proyecto de vida en el que se sabe lo que se desea y se puede aportar.

Hoy, la Revista aborda el tema, respaldada por la doctora Rosa Elena Ledesma, especialista en Geriatría y Gerontología, quien enfatiza en sus características, sus beneficios y los desafíos que se enfrentan ante prejuicios sociales y familiares.

Resalta entre los beneficios más importantes la compañía emocional y física; la ilusión que motiva el día a día; la socialización necesaria para prevenir el aislamiento, la depresión y el deterioro cognitivo; así como el ejercicio de la memoria al compartir y recordar experiencias.

Una historia nueva

La vejez es ideal para construir nuevos rituales y proyectos, como viajes o rutinas compartidas, que enriquecen la calidad de vida, enfatiza Rosa Elena Ledesma, especialista en Geriatría y Gerontología. También se refiere a las limitaciones impuestas por los prejuicios y tabúes que aún persisten.

Muchas familias creen erróneamente que los adultos mayores son asexuales o que solo deben centrar su afecto en hijos y nietos, lo que lleva a la censura o rechazo a nuevas relaciones amorosas.

La especialista realizó un llamado a las familias para apoyar y respetar estas decisiones, ya que negar esa posibilidad puede contribuir a la soledad, la ansiedad y un deterioro en la salud integral del adulto mayor.

Como consejos prácticos para manejar las relaciones amorosas en la tercera edad, mencionó la importancia de no competir con el pasado, sino de construir una historia nueva con energía positiva.

Más profundo y auténtico

El amor puede florecer en cualquier escenario, y a cualquier edad. Entornos sociales como los clubes del Danzón, los hogares de ancianos o los centros de socialización, suelen ser espacios donde surgen estas relaciones, que resultan muy provechosas para quienes han vivido más de 60 años.

Comprender los beneficios afectivos, psicológicos y hasta cognitivos del amor en esta etapa, es el paso fundamental para romper estereotipos.

Esa consciencia permite que las familias sean capaces de adoptar una actitud positiva y de apoyo ante la decisión que toman las personas mayores de amar a otros.

De esta manera, afirma Rosa Elena Ledesma, especialista en Geriatría y Gerontología, el amor en la tercera edad no es una versión disminuida del amor juvenil, sino una expresión distinta, más profunda y auténtica.