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Juan Almeida Bosque (La Habana; 17 de febrero de 1927- 11 de septiembre de 2009)

En mezcla de arte, política y de una carrera militar que lo llevó a ocupar cargos de responsabilidad durante la etapa de lucha armada y luego como parte del proceso revolucionario, la música y la literatura fueron la vía para que el Comandante Juan Almeida Bosque expresara vivencias y compromisos con su Patria.

La historia y el amor nos acercan a un hombre cuya impronta dejó en el panorama sonoro cubano. Versátil en composición en tanto géneros como la Bossa nova, el feeling, boleros, sones, baladas, instrumentales a guitarra, así como de carácter patriótico y solemnes, asomaron a un repertorio que quedó recogido en fonogramas producidos por la EGREM y el sello Abdala.

Muchas de sus composiciones alcanzaron popularidad en las voces de Kiki Corona, Pacho Alonso, Beatriz Márquez, Elena Burke, Omara Portuondo y en orquestas como La Aragón, Rumbavana, Los Van Van, Irakere, Original de Manzanillo, Sierra Maestra entre otras.

“Y ahora que me alejo

para el deber cumplir,

que mi tierra me llama

a vencer o a morir,

no me olvides, Lupita;

ay, acuérdate de mí.”

Fragmento de canción La Lupe, México 1956

Temas como “La Lupe”, “Mi Santiago”, “Dame un traguito”, “Mejor diciembre”, y otros números musicales de contenido político consagrados a la Patria, y a mártires como José Martí, Antonio Maceo e Ignacio Agramante, abordaban a modo general momentos felices, frustraciones y desencuentros.  Alto contraste en su relación con la vida, lo que hizo evidente que una de las máximas de Almeida fuera consolidar la transformación social, política y cultural cubana.

«Feliz Revolución la que tiene héroes con música en el alma y palabras para conservar y transmitir los combates, los esfuerzos y los sueños»

Roberto Fernández Retamar

94 años cumpliría el poeta, quien con gran sensibilidad comenzó leyendo versos de amor y terminó forjando textos imprescindibles para la literatura cubana como “Contra el agua y el viento”, en evocación a las peripecias del pueblo cubano durante el azote del huracán Flora en octubre de 1963. Con ese título obtuvo el premio Casa de las Américas 1985, en la categoría Testimonio.

Tiempo después; años 1986, 1987 y 1988 vieron la luz su trilogía Presidio, Exilio y Desembarco, en los que el músico Comandante Juan Almeida Bosque develó anécdotas de los primeros años de la Revolución, en los que resaltó la figura de Fidel Castro desde una visión cercana al pueblo, pero también mostrando sus ideales y convicción política. Posteriormente fueron publicados Sierra Maestra y Por las faldas del Turquino, un tránsito a la memoria de la época insurreccional en Cuba.

Sus inquietudes literarias lo llevaron a reflejar la lucha y el amor al pueblo cubano, por ello sus textos contienen la voluntad de activar la memoria histórica en obras que articulan vida e inspiración. Lo que responde también al sentido del legado patriótico, a su experiencia como guerrillero y a sus cualidades como investigador.

Generaciones de cubanos hemos crecido escuchando sobre sus anécdotas. Quizás la más difundida y al decir de historiadores, Almeida y algunos compañeros fueron sorprendidos por las fuerzas del ejército mientras descansaban al borde de un cañaveral en Alegría de Pío. Al escuchar que instigaban a la rendición gritó ¡AQUÍ NO SE RINDE NADIE, C…! Expresión que nos acompaña hasta nuestros días.

Aún hoy es común oír tararear a un familiar o más que eso, responder cantando de forma jocosa ante alguna discusión:

 No me grites,

que no hay por eso más razón en lo que dices…

“Mejor concluir”, Juan Almeida

Así de simple, popular y nuestra es la obra de Almeida. Hombre de pueblo que transformó nuestro panorama cultural, y a quien recordamos y rendimos honores por un legado que trascendió las fronteras de esta isla.