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Por Miguel Alejandro García

En la película de culto Taxi Driver, el protagonista, interpretado por Robert de Niro, se hace un curioso pelado. Desafortunadamente, al final de la cinta, el actor se acaricia la cabeza y puede verse una arruga sospechosa que delata que lleva una prótesis.

Una escena del filme Piratas del Caribe: la maldición de la Perla Negra, muestra a un miembro del equipo de filmación vestido con una camiseta blanca y un llamativo sombrero de vaquero.

Algo similar ocurre en la afamada película Gladiador, cuando Máximo lanza su espada al público, la cámara recorre la multitud y se observa a un camarógrafo en pitusa y pulóver en uno de los extremos.

La soga, un thriller clásico de Hitchoch, no escapó a la presencia del gazapo. Uno de los personajes se corta la mano con una copa, pero cuando en otra secuencia le leen el futuro, la herida ha desaparecido sin dejar siquiera una cicatriz.

Vino al mundo para actuar

Nacido en La Habana, el 29 de agosto de 1944, Rogelio Blaín fue un actor de la radio, el cine y la televisión. Con una larga y fructífera carrera avalada por el cariño, el respeto y la admiración de todo su pueblo, comenzó como actor aficionado.

En el año 66, Humberto Solás seleccionó a Blaín para el elenco del filme Lucía. En las tablas conoció a sus entrañables colegas, casi hermanos, Enrique Molina y Enrique Almirante.

Por propias palabras del actor, prefería el cine porque le abrió muchas puertas, aunque la televisión le había presentado en múltiples espacios seriados, como Enrique de Lagardere, que llevó a Blaín a la cúspide de la popularidad entre los cubanos, así como los espacios Grandes Novelas, Horizontes y Aventuras.

Fue memorable su interpretación en Tierra Brava, con su personaje del tiránico Lucio Contreras.

Todo una leyenda

Otros papeles que defendió el consagrado actor Rogleio Blaín fueron el del esposo celoso por la diferencia de edad, en Las huérfanas de la Obrapía; y el oficial del Ministerio del Interior, protagonista de la serie Móvil 8.

Entre sus películas más célebres destacan El Hombre de Maisinicú y Río Negro, dirigidas por Manuel Pérez; Leyenda; Polvo rojo; Hasta cierto punto, de Tomás Gutiérrez Alea; además de Lejanía, El unicornio, Reina y Rey, Hacerse el sueco, y Lisanka.

Por su trabajo de excelencia recibió la Distinción al Artista de Mérito de la Radio y la Televisión Cubanas, el título honorífico en la primera edición del Premio Enrique Almirante, y se le entregó, post mórtem el Premio ACTUAR por la Obra de la Vida, otorgado por la Agencia Artística de Artes Escénicas, en 2018.