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Desde que un ciclón tropical comienza a formarse, las instituciones meteorológicas emiten informaciones a la población sobre su trayectoria y la intensidad que experimentará en su corto tiempo de existencia.

Pero, ¿se ha preguntado usted cómo lo hacen? Si bien en la tierra existen radares meteorológicos y el espacio cuenta con satélites que brindan valiosa información sobre los ciclones, ambos poseen limitantes, pues hay datos específicos que solo se pueden recopilar dentro del peligroso organismo.

Es ahí donde juegan un papel fundamental los aviones cazahuracanes, aparatos construidos con un equipamiento especial que les permiten volar y no ser derribados por los potentes huracanes, cuyos vientos suelen sobrepasar hasta los 250 kilómetros por hora.

Este tipo de avión es utilizado desde hace más de 70 años.

Entre la turbulencia y la calma

La principal y única misión de un avión cazahuracanes es llegar hasta el interior de esos fenómenos meteorológicos en las condiciones más adversas para predecir su trayectoria.

El ingreso al ojo del huracán tarda dos horas y constituye un proceso complejo que puede provocar a los tripulantes salir disparados de sus asientos debido a las turbulencias al no tener bien colocados los cinturones de seguridad.

Los encargados de operar este tipo de avión son cinco personas: dos pilotos, un navegante y un ingeniero de vuelo, responsable del lanzamiento de la sonda, así como un director de vuelo, que cumple las funciones de meteorólogo de las alturas.

Los cazahuracanes vuelan en el Atlántico Norte y el Pacífico Oriental y son aparatos aéreos, que en el afán de apostar por la vida, vuelan entre la turbulencia y la calma.