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Los ciclones perturban, atemorizan y lastiman; así define el campesino granmense Daniel Ricardo el anuncio, presencia y devastación que provocan los huracanes.

El hábil ganadero elogia que al aproximarse tormenta, sus coterráneos ensillan caballos y preparan carretas de bueyes para llegar a sitios de difícil acceso y evacuar a familiares y amigos. Dice que aun bien protegida en casas vecinales o escuelas, la gente teme el inmenso poder del organismo atmosférico.

Tras días de vientos, lluvias, crecidas de ríos e inundaciones, las estructuras civiles y militares que participan en la dirección, atención, rescate y salvamento, dan la anuencia para regresar a los hogares.

Entonces, aparecen llantos, lamentaciones y encomiendas religiosas por todo lo dañado: los bohíos y las estancias se inundan y se pierden artículos, cosechas y animales. Es terrible vivir tal panorama, señala Daniel Ricardo.

Manos generosas

Según lo percibido tras el huracán Melissa, instituciones estatales, entes privados y la cooperación internacional han aportado significamente a damnificados del oriente nacional. Una vez evaluados los perjuicios sociales, económicos y familiares en cada sitio, inició un necesario y apasionado proceso para ayudar a restituir pérdidas.

Primero, trabajaron con denuedo los eléctricos, comunicadores, artistas, hidráulicos, constructores, sanitarios, gastronómicos y comerciantes.

Después, llegaron artículos del hogar, vituallas, enseres, materiales para viviendas, transportación, caminos y otros.

Las manos de nobles cubanos se abrieron, y aún lo hacen, para recolectar mucho, así como se observan barcos, aviones, trenes y camiones con recursos diversos que llegan de países amigos. Ayudas, entregas, contribución, asistencia, tras el ciclón. Esa es la constate de siempre, para bien de los cubanos.

Aportes cumbres

En el Este de Cuba, el huracán Melissa fue muy destructivo. Las cifras asombran pero no provocan inacción. Más de 70 mil viviendas afectadas, así como plantaciones de café, arroz, cultivos varios y ganado.

El tendido eléctrico y de las comunicaciones se vino abajo, y se deterioraron escuelas, consultorios médicos, canales hidráulicos y potabilizadoras de agua, almacenes, puentes y viales. El costo económico es elevado. Pero con inmediatez, se organizaron aportes nacionales e internacionales.

Cuba y sus reservas estatales, donaciones de privados y entregas de Venezuela, México, Rusia, India y organismos de Naciones Unidas, propician que la gente vea soluciones a su dolor.

En las barriadas, por alerta temprana y evacuación decisiva, se evitaron males mayores. Cuba continuará con su abanico de soluciones para quienes los ciclones golpean con furia terrible.

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