La Habana, Cuba. – Aunque le restan unos pocos meses para sellar su formación ética y profesional con el juramento hipocrático, el joven capitalino Mario Smith Herrera lleva más de un año y medio consagrado a la práctica de la medicina con conciencia y dignidad.

La epidemia de la Covid-19 lo separó de las aulas de quinto año de Ciencias Médicas, y en combate cuerpo a cuerpo por la vida lo ha llevado a pesquisar en los barrios, ayudar voluntariamente en centros de aislamiento, trabajar en la zona roja del Hospital Clínico Quirúrgico 10 de Octubre, y a participar en el proceso de inmunización en la capital.

Han sido días y noches de esfuerzo, agotamiento, riesgos al estar en contacto directo con pacientes positivos, de tristeza ante la pérdida de una vida, de inventiva ante la insuficiencia de algunos medicamentos e insumos; pero, como asegura Mario: se trabaja con el corazón.

Salvar vidas, sanar almas

Son miles los estudiantes de medicina, que como el capitalino Mario Smith Herrera, se han sumado a la lucha contra la Covid-19 en nuestro país.

El espíritu altruista prevalece en el ejercicio diario de su profesión, donde es humano errar o agotarse, pues se trabaja fuerte y en condiciones complejas. Sin embargo, acentúa Mario: No se detiene el empeño, es pura vocación y humanismo.

Y de esa forma también valora la labor de otros jóvenes, voluntarios, ajenos al campo de la medicina, que debutan como pantristas, se encargan de la higiene, asisten a los pacientes y se erigen tan protagonistas como los propios médicos en la zona roja.

En esas circunstancias, los pacientes agradecen la atención, la entrega, hasta una sonrisa, que también sana. Esa gratitud, asegura el estudiante de medicina Mario Smith Herrera, constituye la mayor satisfacción profesional.