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A pesar de permanecer en la cárcel, víctima de la persecución política, el ex presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva fue inscrito como candidato presidencial para las elecciones del 7 de octubre en el Gigante Sudamericano.

El Partido de los Trabajadores registró la candidatura durante un acto multitudinario, al que asistió la también ex presidenta Dilma Rousef, lo que ratifica la popularidad del ex mandatario, ícono de la izquierda latinoamericana.

No obstante, el actual descontento popular ha favorecido el ascenso de la ultraderecha de la mano de Bolsonaro, segundo en las encuestas por detrás de Lula.

Se trata de un polémico militar en reserva, calificado a menudo como el Donald Trump brasileño, por sus ataques contra negros, homosexuales y otras minorías.

Solicitan respeto a derechos políticos de Lula

El Comité de Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas ha pedido al Gobierno de Brasil que le permita al ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva ejercer sus derechos políticos mientras se encuentre en prisión.

En un artículo publicado esta semana en el diario norteamericano The New York Times, el propio Lula se defiende de lo que llama un golpe de la derecha sobre fuerzas progresistas, con todas las encuestas probando que vencería fácilmente las elecciones de octubre. “Si ellos quieren derrotarme de verdad, háganlo en las elecciones”, reclamó Lula.

El líder de Partidio de los Trabajadores fue condenado a 12 años de prisión por corrupción pasiva y blanqueo de fondos, lo que su defensa cuestiona, basada en confesiones de presos que negociaron la reducción de sus penas declarando en contra del ex presidente.