Compartir

Otra vez el dolor de la velocidad se prolongó.

Cuatro días en el estadio Panamericano, durante el Memorial Barrientos de Atletismo, permitieron experimentar los nuevos aires que vive este deporte.

La primera nota distintiva la ganó una buena organización de la lid, con puntualidad exquisita para cada prueba, todas las principales figuras en acción, pancartas para informar los resultados y mejoras ostensibles en las condiciones del campo y la pista, a pesar de que esta última sigue reclamando un cambio total.

Fueron igualmente notables los aires de disciplina, consagración y unidad que involucran no solo a los muchachos y sus entrenadores, sino también a federativos y glorias deportivas.

Hubo vallas nuevas, uniformidad para jueces, árbitros y personal de apoyo, mientras los espectadores pudieron llevarse incluso un recuerdo del atletismo, entregado por Anier, Sotomayor, Ana Fidelia, Juantorena, María Caridad Colón y Yipsi.

Más trabajo hacia  barranquilla

El Memorial Barrientos de atletismo enseñó con dureza que el reto mayor de dirigentes, entrenadores y atletas es lo mucho que falta por hacer para los 15  títulos que pretenden alcanzar en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Barranquilla.

Otra vez el dolor de la velocidad se prolongó al no alcanzar ni uno de los seis oros puestos en disputas.

Y para rematar, las apariciones de Dayron Robles en los 110 con vallas y Yarisley Silva en el salto con pértiga complacieron más por su entrega que por lo relevante de sus registros, al margen de que ambos están en una etapa inicial de su preparación.

El triple salto, en ambos sexos, volvió a ser la prueba de más nivel, mientras el vallista Roger Iribarne y la ochecentista Rose Mary Almanza abren esperanzas para venideros compromisos foráneos. De cara a Barranquilla el trabajo tendrá que redoblarse.