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Los médicos Porfirio Valiente y Enrique Núñez no pudieron salvar a Ángel Perfecto de la Guardia Bello, el valeroso oficial de 22 años, héroe del ataque a cuatro fortines que rodeaban la ciudad de Las Tunas.

El 29 de agosto de 1897, cruzaba una trinchera cuando un disparo lo impactó y murió el 30: fue la última baja mambisa antes de tomar la casa del telégrafo; ya estaba aprobado el ascenso a coronel, condición que el general Calixto García, su jefe, le ratificó post mórtem.

Ángel de la Guardia peleó bajo el mando de Bartolomé Masó, Antonio Maceo y Calixto García, en acciones decisivas como Dos Ríos, Peralejo, Columna Invasora, Paso Real de San Diego, Guáimaro, Cauto Embarcadero, Jiguaní y Las Tunas.

El León holguinero escribió al hermano, comandante Dominador de la Guardia, que había perdido a un gran jefe, a un hijo querido.

Único cubano que vio morir a Martí

En Dos Ríos, el 19 de mayo de 1895 se produjo una de las páginas más dolorosas de la historiografía cubana: la muerte de José Martí por disparos en su bautismo de fuego.

Le acompañaba Ángel de la Guardia, único soldado cubano en presenciar la escena en el que el Delegado yace en tierra y el propio joven intenta quitarse su caballo de encima, acribillado por ráfagas.

Del terrible momento en el que el muchacho no pudo rescatarlo, su hermano Dominador de la Guardia escribió que Angelito lo trató de cargar, pero no pudo, era demasiado niño y le hacía señas para que fuese donde estaba.

Por coincidencias del destino, el día anterior la tropa de Ángel de la Guardia llegó al campamento y Martí pausó la carta que escribía a Manuel Mercado, donde le decía estar todos los días en peligro de dar la vida por su país y su deber.