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Carlos del Porto Blanco

Las ciudades son el abismo de la especie humana. Jean Jacques Rousseau

El pasado 18 de noviembre se presentó el informe “Perspectivas de urbanización mundial 2025, (World Urbanization Prospect 2025), por el Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de Naciones Unidas. En esta entrega comentaré algunos de los aspectos más importantes que en ese documento se señalan.

El 45% de los 8200 millones de personas que viven en el planeta habitan en ciudades, una realidad que aumentará a medida que el mundo se vuelva cada vez más urbano. En 1950 la población mundial era de 2500 millones y sólo el 20% eran habitantes de la ciudad. Para el 2050 se proyecta que dos tercios del crecimiento global de la población ocurra en las ciudades, y el resto en pueblos, un tercio.

Súmese a eso, que las megaciudades, definidas como áreas metropolitanas con diez millones o más de habitantes, seguirán expandiéndose mientras que las zonas rurales seguirán disminuyendo, salvo una excepción, el África subsahariana.

Empecemos por el principio, ¿Qué es una megaciudad?

Según Naciones Unidas, una megaciudad es una ciudad con más de diez millones de habitantes. Desde esa visión, en 1950 había sólo dos megaciudades, New York y Tokio. Hoy hay más de 35 repartidas sobre todo en Asia, África y América Latina.

Otros hitos de fechas en esta historia de las megaciudades, más allá de ese 1950, donde sólo el 30% de la humanidad vivía en ciudades, es por ejemplo 2007, donde por primera vez, en aquel año los humanos urbanos superaron a los humanos que vivían en áreas rurales. En esos dos años 2024 y 2025, la población urbana superó al 56% del total de habitantes del planeta y se calcula que en el 2050 será cerca del 70%. Eso significa que casi 7000 millones de personas vivirán en ciudades en apenas 25 años y se superarán las 50 megaciudades, que no son sólo ciudades grandes, sino que también incluye muchas veces su área metropolitana, son centros financieros de carácter estatal, nodos logísticos de importancia, espacios de migración masiva, tanto nacional como internacional, y escenarios claves de la Crisis Climática y en muchos casos social.

Todo eso trae consecuencias. En palabras del director de la agencia de Naciones Unidas que ha elaboró el informe, para lograr un desarrollo territorial equilibrado los países deben adoptar políticas nacionales integradas que alineen la vivienda, el uso del suelo, la movilidad y los servicios públicos en áreas urbanas y rurales, algo que en la actualidad se ve muy lejano. ¿Qué características tienen las megaciudades actuales? Pues todas ellas, estén donde estén, tienen rasgos en común.

Una alta densidad de población, economías hiper concentradas, la dependencia total del transporte público, la segregación social muchas veces extrema en diferentes barrios o en diferentes regiones dentro de las propias megaciudades, una presión constante, producto del hacinamiento, sobre el agua, la energía o los suministros de alimentos, ser polos de atracción de la migración interna e internacional y también imanes de la riqueza y la miseria al mismo tiempo. El informe de Naciones Unidas documenta que se han cuadruplicado el número de megaciudades desde 1975, de ocho a 33. De ellas. 19 están en Asia.

La capital de Indonesia, Yakarta, hogar de casi 42 millones de habitantes, es la ciudad más poblada del mundo, seguida por Dhaka, Bangladesh con casi 40 y Tokio en Japón con 33. Por su parte, la capital de Egipto, El Cairo, es la única ciudad fuera de Asia que se encuentra en la relación de las diez primeras megaciudades. Se espera que la lista de las mismas aumenta a 37 para el 2050, ya que las poblaciones de Addis Abeba en Etiopía, Dar es Salaam en Tanzania, Jipur India y Kuala Lumpur en Malasia están a punto ya de superar los diez millones de habitantes.

Debe decirse la mayor parte de la población de planeta habita en ciudades pequeñas y medianas, de entre cinco y diez millones de habitantes. Esas urbanizaciones crecen a un ritmo mayor que las propias megaciudades, también en África y Asia.

Los expertos que elaboraron el informe analizaron aproximadamente 12 000 ciudades, la mayoría, el 96% tiene menos de un millón de habitantes, mientras que el 81% incluso tiene menos de 250 000. El número total de ciudades se duplicó desde 1975 y las proyecciones indica que podrían superar las 15 000 para mediados de siglo con la mayoría de ellas, con poblaciones inferiores a los 250 000 habitantes. Por otra parte, aunque muchas ciudades continúan expandiéndose, el informe revela que otras sin embargo están experimentando un declive demográfico, como es el caso de algunas europeas. También es el caso de las megaciudades, estadounidenses, New York y Los Ángeles.

Algunas poblaciones urbanas están disminuyendo incluso cuando crecen las poblaciones de sus países, mientras que otras crecen a pesar del descenso de la población nacional. La mayoría de las ciudades que están disminuyendo tenían menos de 250 000 habitantes en 2025. Más de un tercio de ellas están en China; el 17% en la India, eso indica que la prácticamente la mitad de las mismas se sitúan en esos dos gigantes asiáticos. También en ese caso se encuentran, Ciudad de México o Chengdu, China, son otras ciudades muy grandes que han experimentado disminuciones de población.

En cuanto a las localidades rurales, con menos de cinco mil habitantes, son el tipo de asentamiento más común en más de los 70 países analizados. Este es un grupo diverso que incluye, sobre todo a países europeos, pero también de la India, algunos estados africanos y de los propios Estados Unidos. Las zonas rurales siguen siendo el asentamiento más común en 62 países en comparación con 116 en 1975 y se espera que ese número disminuya aún más hasta 44 para 2050. El África subsahariana es la única excepción, la única región en que siguen creciendo las localidades rurales y se espera que represente casi todo el crecimiento futuro de la misma de aquí a un medio plazo.

No todas las megaciudades son iguales, pero sí todas comparten muchas características esenciales que son el resultado directo del capitalismo global y de la concentración extrema de la población, la riqueza y la desigualdad. También que todo ello hace que sean espacios cada vez más ingobernables por la magnitud de las cifras y la multiplicación de riesgos y amenazas. A continuación, se mencionan algunos ejemplos actuales de megaciudades y su problemática.

Comencemos hablando de Tokio, en Japón, la capital del país, tiene unos 33 millones de personas, 37 si se considera toda el área metropolitana que la rodea. Es el centro político, financiero y tecnológico de la nación, con infraestructuras impecables, un transporte y una organización que se pueden calificar de ultra eficientes, pero que también simboliza algunos de los problemas de la sociedad japonesa, como el envejecimiento extremo de la población y las necesidades que eso conlleva, la soledad y sus altas dosis de enfermedades mentales o la presión inmobiliaria, que es brutal.

Yakarta, en Indonesia, una megaciudad que es la mayor del mundo con cerca de 42 millones de personas, teniendo en cuenta toda el área circundante. Es una ciudad que tiene un problema muy acuciante, se va hundiendo literalmente varios centímetros al año, sobre todo la zona del casco urbano, que alberga más de 34 millones de habitantes sólo en esa área. Por esa situación, el estado está trasladando la capital a otra isla, una auténtica selva, Nusantara, porque Yakarta es señalada como una megaciudad que se hunde y que rápidamente puede quedar anegada.

Se espera que partes de esa ciudad sean inhabitables o se inunden frecuentemente para el año 2030. Sin embargo, el costo de crear esas infraestructuras, traslado de población, cambio de capital, y otros, hacen de ese proyecto algo totalmente incierto de cara a un futuro, no a medio, sino a muy corto plazo. Nueva Delhi, en la India, con un crecimiento totalmente desbordado con más de 32 millones de habitantes, es la ciudad más contaminada del planeta.

Recientemente la Organización Mundial de la Salud, OMS, alertó sobre el estado insalubre del aire de Nueva Delhi, con una concentración de partículas tóxicas de casi 290 microgramos por metro cúbico de aire, un valor casi 20 veces por encima del nivel máximo recomendado, que considera peligrosa una exposición diaria de más de 15 microgramos. Nueva Delhi es una mezcla extrema de alta tecnología, opulencia, riqueza y pobreza estructural, con problemas críticos como las infraviviendas, el acceso desigual al agua potable o el colapso sanitario de la ciudad.

Shanghái, la megapotencia urbana de China, la imagen de modernidad del país, con más de 29 millones de personas, muchas de ellas provenientes de la migración interna, es el motor financiero del país y el puerto marítimo más importante del mundo en cuanto a volumen de tráfico: sin embargo, también transita por una peligrosa burbuja inmobiliaria, con un ascenso desmesurado de los precios de la vivienda y que depende totalmente del comercio exterior para proveer de recursos a esa inmensa población.

Por su parte, Sao Paulo, en Brasil, la mayor ciudad del gigante latinoamericano, con más de 22 millones de habitantes, corazón económico de Sudamérica, con su imagen de rascacielos, de la bolsa de Brasil, la sede de múltiples multinacionales, y, en otro plato de la balanza favelas, crimen organizado y una desigualdad, muy marcada.

Otro ejemplo a considerar es Lagos, la antigua capital de Nigeria, la megaciudad del futuro africano, con más de 21 millones, hoy, con un crecimiento explosivo que implica la llegada de miles de nigerianos que se desplazan desde otras partes del país debido la crisis económica o de la violencia sectaria. El informe de Naciones Unidas indica, que esa ciudad del África occidental, puede ser una de las megaciudades que tengan un mayor crecimiento a medio plazo. Para el año 2050 podría superar los 35 millones, es decir, en 25 años, 14 millones de nigerianos más en Lagos. Es una urbe con marcados problemas estructurales, como una infraestructura insuficiente, un urbanismo informal y caótico; sujeta, además a la vulnerabilidad climática y al perenne riesgo de inestabilidad social.

Hay otras megaurbes claves como Ciudad de México, la megaciudad del colapso lento con más de 21 millones de personas, una de las mayores concentraciones urbanas del hemisferio occidental, que incluso se está hundiendo por la sobreexplotación de acuíferos, algo parecido a lo que ocurre en Yakarta. Eso lleva aparejado una crisis crónica de agua y una contaminación que, sin ser la de Nueva Delhi, es también grande y estructural.

El Cairo, la capital de Egipto, que ya se había citado, con más de 22 millones de habitantes, tiene similitudes con la situación, ya mencionada, de Lagos, es decir, un crecimiento desordenado, desbordado, con barrios marginales masivos, con servicios públicos inexistentes y la dependencia total de subsidios estatales que se van retrotrayendo de las necesidades de otros lugares de Egipto.

Dhaka, la capital de Bangladesh, la megaciudad textil más importante del mundo, pero en condiciones a veces infrahumanas para sus trabajadores, que en ocasiones y no pocas son incluso niños. Tiene una población de más de 23 millones de personas, ese corazón de la industria global de la ropa barata es el símbolo de la inseguridad laboral y social, con problemas políticos estructurales. En el verano de 2024, fue el escenario de protestas que terminaron con el gobierno de la primera ministra Hasina, con más de 400 muertos.

Otra ciudad que se menciona es Karachi, en Pakistán, otra megaciudad ingobernable de 20 millones de habitantes, centro económico de Pakistán, cuya capital política es Islamabad. Esa urbe convive con una violencia estructural latente debido al control territorial de algunos de sus barrios por mafias, partidos o grupos armados, sumándole a eso infraestructuras al límite, que no aceptan a un habitante más.

En el caso de Europa, se menciona en el informe a Estambul, en Türkiye. La megaciudad que se encuentra entre dos mundos. Con una población de más de 16 millones, es una auténtica bisagra entre Europa y Asia. Esta urbe es víctima también de una burbuja inmobiliaria extrema, con gigantescos proyectos de infraestructura y de desplazamientos urbanos masivos, con una urbanización creciente de sus espacios.

En el viejo continente, también se menciona a la Ciudad Luz, París, la capital francesa, la mayor megaciudad europea, con más de 12 millones de habitantes, solo en su área metropolitana. Es una auténtica megaciudad no oficial, pero sí funcionalmente, con problemas compartidos con otras capitales europeas, sobre todo la gentrificación masiva, los barrios de inmigrantes segregados y los conflictos sociales recurrentes, que estallan en forma de protestas violentas.

Llegado a este punto, se podría peguntar, ¿Qué impactos globales tienen esas megaciudades, su consolidación, y aumento en todo el mundo? Existen denominadores comunes en las consecuencias del hacinamiento y el crecimiento de esas megaurbes, que el informe de Naciones Unidas señala.

El primero es el impacto económico, pues si bien es cierto, que estos núcleos urbanos generan entre el 60 y el 80 por ciento del PIB mundial, deciden flujos financieros, son centros de innovación tecnológica y de otro tipo, como el comercio, y centros de creación de empleo. También, se encuentran en la primera línea de los efectos y las consecuencias de la Crisis Climática. Esto es debido a las emisiones masivas de CO2, de la contaminación, de constituirse en auténticas islas de calor, que en verano son hornos que provocan que la mortalidad y las enfermedades asociadas a las altas temperaturas se disparen. Es sistémico el colapso del suelo, del aire y del agua. A eso viene aparejado una crónica escasez de la misma, algo que aumentará provocado por la mencionada Crisis Climática.

En cuanto al impacto político y social, muchas de estas aglomeraciones humanas han sido y son focos de protesta, escenarios de control tecnológico, laboratorios de nuevas formas de vigilancia y gestión social, para que la situación social y económica no estalle del todo. Uno de los grandes problemas es la existencia de millones de personas viviendo condiciones de vida muy dispares, en medio de desigualdades extremas, con necesidades de vivienda digna, con precios inasumibles, lo que provoca la expansión de los barrios marginales, que se constituyen a su vez en auténticas ciudades dentro de las megaciudades.

Los problemas de movilidad, con atascos permanentes en las vías, su estrés, el transporte público colapsado y millones de horas de vida de sus habitantes perdidas al año. La ya mencionada contaminación ambiental y en definitiva, una desigualdad estructural dentro de las megaciudades, con barrios y zonas residenciales para ricos, independientes, muy protegidos, muy bien provistas, y otros barrios miserables que son muchas veces invisibles, e incluso las áreas donde viven las clases medias, que van siendo expulsadas por ese encarecimiento de la vida. A ello se suman otros problemas, inherentes también a la seguridad, como la criminalidad organizada o la violencia estructural dentro de determinadas sociedades, especialmente contra mujeres, niños, mayores, pobres o inmigrantes.

¿Qué futuro pueden tener esas megaciudades? Urbes que se conforman, pues como en la antigua Grecia, en auténticos estados. Esparta, Atenas: Habría que hablar de grandes partes de esas ciudades como mini estados dentro de los países. Esas megaciudades ya no son sólo espacios urbanos, son territorios estratégicos en las que muchas veces los gobiernos se nombran o caen, independientemente del estado en su totalidad. Es decir, lo que ocurre en esas megaciudades, en esas grandes capitales, determina el discurrir del geopolítico del país concreto.

Estas áreas, son zonas donde convergen el crimen, la protesta social o el colapso económico, todas esas megaciudades analizadas por el informe de Naciones Unidas comparten la concentración extrema de riqueza en manos de las élites respectivas, la segregación espacial de clases o grupos étnicos, la dependencia total del transporte, que para uno es muy rápido y bueno, tan rápido que incluso algunas personas se trasladan a través de helicópteros, mientras que para otros no existe o es un auténtico suplicio, la privatización creciente de los servicios esenciales, la vigilancia y la presencia policial también cada vez más creciente y, en definitiva, unas megaciudades que no se organizan en torno al ciudadano sino en torno a la inversión, al inversor y a la ganancia económica.

En este momento, más de la mitad de la humanidad vive en ciudades y no en ciudades cualquiera, en esos gigantes urbanos que superan los 10, 20 e incluso 30 millones de habitantes. Los llamamos megaciudades, pero verdaderamente son motores económicos, laboratorios sociales y también bombas de relojería.

¿Dónde crecerán las megaciudades en el futuro? Naciones Unidas es muy clara en el informe. El crecimiento urbano se concentrará sobre todo en la India, en China, en Bangladesh o Pakistán, pero también en muchos países africanos, ciudades como Kinshasa o Lagos, mientras también aumentarán en Sudáfrica o en el norte del continente. Sólo esos países tendrán más del 50% del crecimiento urbano mundial hasta 2050, según el informe.

Cono conclusión y por más que le pese al Empresario Presidente y a la Vieja y Civilizada Europa, el futuro urbano, el futuro de las megaciudades, el futuro del planeta, se coloreará de amarillo y negro, será asiático y africano.

Referencias