La Habana, Cuba. – El fascinante mundo de la comunicación social tiene aristas emergentes que ameritan más de un análisis. Pero ni la tecnología por sí sola, ni la comunicación electrónica por sí misma tienen por qué cargar con el estigma de resultar dañinas.

Lo perjudicial no lo poseen ellas de modo particular, pues los encargados de un empleo abusivo, una sobreexposición o una dependencia sicológica a algún dispositivo somos nosotros mismos. no hay que buscar responsables más allá de quienes hacemos uso o tenemos bajo nuestra custodia el uso que otros realizan.

De ahí que debamos considerar un error el hecho de decir que el celular, la reproductora de video o la computadora y el televisor a toda hora nos están causando problemas. Estos los provoca uno mismo al no valorar con una perspectiva crítica, racional y oportuna qué estamos haciendo con los medios tecnológicos a los que accedemos.

Ponerle conciencia a lo que hacemos

Ya son muchas las personas, especialmente jóvenes, que habitan casi de modo permanente en plataformas en línea.

Suelen acabar seducidos por atractivos y sencillos mecanismos de socialización, como los foros y los chats. Lo que un día es un simple entretenimiento, al otro puede ser un pasatiempo, y al otro un modo de disfrute, y al otro un interés para pasarla bien. Y así sucesivamente se va entretejiendo un camino de búsqueda y necesidad cuyo rumbo casi siempre conduce hacia consecuencias lamentables.

Pero todo ello puede atajarse a tiempo si como seres sociales, pensantes y autorregulados velamos por lo que hacemos. Ahí radica el quid de todo, el asunto de mayor peso: ponerle oportunamente juicio, criterio, valoración y sentido crítico a nuestros comportamientos.No es la tecnología la que nos evalúa. Todo depende de nosotros.